Opiniones

El niño de color que luchó por un libro y conquistó la estrellas

Por Armando Avalos

La mañana del 28 de enero de 1986, el astronauta Ronald McNair miró a su esposa con ternura y le dio las gracias por acompañarlo a cumplir sus sueños. Ese día, McNair viajaría al espacio como parte de la tripulación del transbordador Challenger. Su esposa, lo besó en la mejilla y le sonrió con orgullo porque sabía lo mucho que había luchado en la vida. Sabía la historia que marcó a su esposo de niño, cuando a los 9 años, lo quisieron sacar de una biblioteca por ser negro y no se dejó avasallar. Luchó para que le dieran dos libros sobre ciencia y el viaje a las estrellas y ese episodio le dio más fuerzas para cumplir su sueño de conquistar otros mundos.

McNair le dio una rosa amarilla a su esposa como símbolo de su amor y le dijo que cuando estuviera en el espacio, tocaría con su saxofón una melodía para ella. Eso nunca ocurriría. A las 11.38 de la mañana de ese 26 de enero de 1986, en Florida, el transbordador Challenger despegó y luego de dos minutos de vuelo y a una altura de 15 mil metros, explotó.  Ronald McNair y los otros 6 miembros de la tripulación murieron instantáneamente. En ese momento, el mundo lloró.

Para muchos, el alma de Ronald McNair, indomable como él, siguió su viaje al cielo. A ese cielo donde llegó con los dos libros que en una oportunidad de niño, una bibliotecaria racista, le dijo que no podía leer porque “la educación solo debía ser para los blancos”.

Hoy la Biblioteca donde Ronald McNair fue tratado vilmente lleva su nombre y cerca de ahí, una estatua de él, recuerda a los visitantes que cuando uno se propone algo en la vida debe luchar con todas sus fuerzas y recordar que la educación es la puerta que nos ilumina el alma y la mente.

Los alumnos de las escuelas de Estados Unidos escenifican muchas veces el episodio que vivió Ronald McNair en la Biblioteca de Lake City. Era 1958 y McNair se acercó al mostrador para pedir prestado dos libros. En ese tiempo en Estados Unidos no estaba permitido que las personas de color fueran a determinados lugares que frecuentaban los blancos. La bibliotecaria lo miró con desdén y le dijo: “No préstamos libros a los negros”.

McNair recordaría que no se movió. Se subió al mostrador y le dijo a la mujer que no se iría de ahí sin los libros. La mujer llamó a la policía. Los agentes determinaron que McNair no estaba causando disturbios. El padre de McNair, Pearl, llegó y se comprometió a pagar los libros si su hijo no los devolvía a tiempo. La Bibliotecaria a regañadientes aceptó prestarle los dos libros al pequeño sin saber que en ese momento había comenzado una leyenda.

Los dos libros que literalmente devoró McNair, seguirían muchos sobre ciencia y las aventuras estelares de Star Trek. Su padre recuerda que lo veía sentarse en el jardín de noche con un libro en la mano y mirando al cielo y le decía: “Un día papá, conquistaré las estrellas y cuando esté ahí te construiré una nave espacial y te llevaré conmigo”. Su papá no dejaba de reír.

Años después, ese joven se graduó con honores como físico en la Universidad de Carolina del Norte y luego obtuvo tres doctorados en ciencias en tres prestigiosas universidades norteamericanas. Se convirtió en uno de los más reconocidos científicos en el desarrollo de láser de alta precisión y debido a su brillante carrera, en 1978, la NASA lo convocó para ser astronauta y tras un año de duro entrenamiento quedó listo para formar parte de las misiones en el espacio.

Su familia contaría luego que cuando supo que ya era astronauta, McNair se sentó en su jardín a mirar las estrellas con los primeros libros que atesoraba y una larga y silenciosa lágrima de alegría recorrió su rostro.

Su afición por el saxofón y la música jazz, hizo que una de las melodías suyas se usara para ser enviadas al espacio para tratar de contactar a otras vidas.

Su hija Joy McNair en una reciente entrevista afirmó que el recuerdo que tiene de su padre, era verlo llegar con su mameluco de astronauta a casa y llenarla de besos mientras la cargaba. En su casa, un saxofón que él tocaba es uno de los tesoros familiares y se encuentra al costado de los libros que él leía y que fueron las primeras herramientas que utilizó para volar y cumplir esos sueños. Aquellos libros que un niño de color luchó por leer y que finalmente abrieron su mete y le dieron valor a su alma, una alma que hoy nos mira desde el cielo y ve con una sonrisa a todos aquellos soñadores en la vida.


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