Opiniones

La necesidad de moralizar las empresas

Sólo 42% de trabajadores se sienten identificados con los valores de las compañías donde trabajan.

Por Armando Avalos

“Sabemos que tienes derecho a tus beneficios, pero no lo vamos a reconocer porque eso generaría que otros también lo reclamen. Si quieres puedes denunciarnos”, esta sorprendentes palabras la oí en una ocasión de un representante de una empresa donde trabajé y que me dejó claro que ahí la incoherencia de los valores que propugnaban hacia el público y lo que se vivía internamente, demostraba que era una empresa sin propósito y donde el trabajador solo significaba costo y no un valor. Lo que ese vil funcionario no comprendía, es que una empresa cuando se aparta de lo moral, comienza a cavar su propia tumba.

Un reciente estudio de Wold Value Index arrojó que solo el 42% de las personas en el mundo reconoce que sus valores personales, están alineados con la organización donde trabajan. Hay otros estudios más preocupantes como el realizado por la consultora Gallup que estima que solo el 15% de los trabajadores de las empresas se sienten satisfechos y vinculados moralmente con la organización donde laboran.

Hoy es un consenso a nivel internacional que cuando una empresa pierde su moralidad, ésta conducta, es percibida primero por sus trabajadores y ello, los desmotiva a aportar voluntariamente en el éxito de la compañía. Solo trabajaran por un sueldo pero no porque el trabajo en esa empresa les sea atractivo ni se identifiquen “de verdad” con la misma.

Los trabajadores y sus familias perjudicadas por una empresa amoral, serán el primer filtro social que comience a minar la reputación de cualquier empresa.

Todas las personas buscamos un propósito en la vida. Ser felices, lograr un éxito profesional o laboral, tener una familia feliz, trascender, lograr que nuestro trabajo tenga un significado más allá del simple producto que hagamos. Anhelamos que lo que hacemos en la vida, tenga un significado, una importancia superior a nosotros mismos. Que nuestro trabajo ayude a los demás en el tiempo.

Pues, las empresas también deberían tener un propósito. No solo ganar dinero ni ser solo la mejor marca. Sino, que lo que hagan como compañía sirva para el bien común. Muchas empresas, gastan millones en publicidad diciendo “somos responsables”, “apostamos por nuestro país”, “defendemos sus derechos”, pero muchas veces, abusan de sus trabajadores, solo les interesan las ganancias y para “la cámara o la publicidad” muestran un rostro noble. Esa incoherencia es percibida primero internamente y luego hacia afuera.

Una persona, puede decir que es buena, pero la gente “siente” y “sabe” cuando es mala y actúa egoístamente. Una empresa puede decir que es “buena” pero tiene que ser coherente entre lo que dice y lo que hace. Sino, el público se dará cuenta que todo es una falsedad.

Un estudio de Purpose Premium Index de Porter Novelli encontró que el 88% de los consumidores solo compraría productos o servicios de empresas con propósito.

Hoy, tras la pandemia, más que nunca, la ciudadanía espera organizaciones con propósito. Aquellas capaces de mejorar su comunidad, su país, su medio ambiente. Que más allá del rubro al que pertenezcan, sean agentes de cambio y progreso a escala moral, económica, social y ambiental.

Ser empresas moralmente buenas, con propósitos de ser rentables y generar beneficios para la sociedad, es hoy no solo una necesidad sino una obligación y es rentable.

La fidelidad de los trabajadores y consumidores comienza cuando ven que las empresas a las que compran o consumen sus productos, son moralmente buenas.

Si las empresas quieren de verdad ser eficaces, ser atractivas al público y a sus propios trabajadores, deben fomentar la unidad. Que sus trabajadores no solo laboren por un sueldo, sino que “quieran” y “les convenga” que la empresa crezca porque “sienten” que comparten ambas un propósito común. Un mismo camino que provoque en la mente de cada empleado este dialogo interno:

“Si trabajo duro y hago crecer la empresa, seguiré haciendo lo que me gusta y seguro, por ser ésta una empresa buena, me reconocerá y a futuro inmediato mi economía seguro mejore. Si la empresa crece, mi familia también se beneficiará. A darle duro y con fe”.

El primer síntoma que nos indica que una empresa ha comenzado a perder su conexión moral, es cuando las cabezas que la dirigen solo ven la compañía como un “capital” y a los trabajadores como “un costo”. Ese directivo cuando la empresa esté en crisis, reducirá los sueldos de sus trabajadores o tomará cualquier medida que no afecte sus ganancias.

Ahí hará patente que no se identifica con la empresa y comenzará a “excluirse” moralmente de ella y por su puesto de sus miembros. Comenzará a rodearse de gente que solo “defienda” sus intereses. Buscará “socios” y “cómplices”. Recuerde que solo las buenas personas buscan amigos.

En ese momento la empresa entra en un círculo vicioso dirigido por personas desleales como es vil funcionario de quien escuché aquellas palabras y que nos recuerda la importancia de moralizar muchas compañías. Como cualquier persona que desee superarse en la vida, las compañías también tienen que autoanalizarse internamente. Moralizar sus actos. Humanizar sus relaciones con sus trabajadores y con la comunidad. El que actúa bien, siempre terminará por buen camino. Eso se aplica a las personas y por supuesto, a las organizaciones.


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