Opiniones

¡Contigo Perú! Las lecciones que nos dio Oscar Avilés de amar a la patria

Por Armando Avalos

En una cabina en Radio Nacional, Oscar Avilés comenzó a tocar su guitarra y cada melodía hacia que el alma llorara. En ese momento, la Primera Guitarra del Perú cerró los ojos como queriendo sentir que se reencontraba con su gran amigo Arturo “Zambo” Cavero. Sus prodigiosas manos parecían hacer una pausa cuando se escuchó una voz que cantaba: “Cuando despiertan mis ojos y veo, que sigo viviendo contigo Perú”.

Don Oscar Avilés, levantó la mirada y una nostálgica sonrisa iluminó su rostro. Siguió tocando la canción Contigo Perú, pero la forma en que miraba al imitador del “Zambo” Cavero, Juan Barbieri, era como la de alguien que buscaba consolar su corazón.

Cuando en la cabina, todos terminamos gritando ¡Arriba Perú! Y con un nudo en la garganta, don Oscar Avilés no pudo dejar de derramar unas lágrimas. Se las secó y le dio un tierno abrazo al imitador Juan Barbieri. Luego le agradeció por traer con su canto, a aquel amigo con el que deslumbró al mundo con su talento.

“Cantas igual que mi compadre que debe estar en el Cielo animando a los ángeles. Además, también tienes la misma panza”, le dijo al imitador y todos no pudimos dejar de reírnos.

Don Oscar Avilés, fue la mejor guitarra que ha tenido el Perú. Fue un criollo, un hombre jovial y sobre todo un patriota. Tuve la suerte de hacerle varios reportajes y conocerlo en muchas de las facetas que me mostraron el gran ser humano que era.

La ultima vez que lo vi fue a comienzos del 2014 cuando lo visité en el Hospital Edgardo Rebagliatti donde estaba convaleciente de una enfermedad y donde unos meses después moriría.

En muchas de las charlas que tuvimos, me decía que el patriotismo no se limita en cantar ¡Contigo Perú! en un estadio o entonar el himno nacional en Fiestas Patrias, sino, decía, “ser una persona útil para nuestra sociedad”.

Con su pícara sonrisa y con sus interminables bromas, Oscar Avilés recordaba siempre con orgullo que cuando era niño, defendía con uñas y dientes su pasión por tocar la guitarra. “La guitarra era mi vida y tanto me dedicaba a ella que empecé a sacar malas calificaciones y mi padre se molestó y me prohibió tocar la guitarra hasta que mejorara en mis notas”.

¿Y que hizo entonces? Le pregunté y don Oscar me dijo que se escondía en un ropero. Y ahí tocaba en medio de la ropa, hasta que un día lo descubrieron. Al recordar esa anécdota, soltó una enorme carcajada. 

Lo acompañé en el último recorrido que dio a su viejo barrio en el Callao. Ahí donde creció y comenzó su sueño de ser guitarrista. En esas calles chalacas, donde se era criollo hasta para enamorar.

“Ahora son groseros para enamorar. A la mujer hay que tratarla con delicadeza”, me decía y comenzaba a sonreír. Le pregunté cual era el piropo que más resultados le dio y me lo recitó: “Hermosa perlita. Disciplinado clavel. Solo Dios con su pincel, te pudo hacer tan bonita”. Los aplausos de las personas que nos rodeaban lo alegraron y cuando le dije que con ese piropo las chicas seguro caían, él con su carisma inigualable me dijo “Si no caían, resbalaban, jajaja”.

Su sonrisa se convirtió en seriedad cuando le pregunté, qué era para él, el Perú. “Es el lugar donde mi alma está feliz. Es el terruño y el lugar bendito que me dio Dios para vivir”.

¿Y que es la guitarra y la música para usted?, le pregunté. Un silencio de unos segundos fue interrumpido por un prolongado suspiro. “Mi vida y mi conexión con todo” me dijo, mientras se calentaba sus manos cubiertas por unos gruesos guantes negros.

Se emocionaba contándome que cuando solo tenia 15 años comenzó su carrera artística como cajonero del dúo de los hermanos La Limeñita y Ascoy. Luego a los 19 años ganó un concurso radial donde impresionó tanto con su talento que comenzó a ser llamado “La Primera Guitarra del Perú”. 

Luego su fama creció como la espuma. En 1970 formó dúo con Arturo “Zambo “Cavero en alianza con el gran compositor Augusto Polo Campos y se convirtió en símbolo viviente de la música criolla. 

Como dijo mas de una vez, el ser considerado un ícono de la peruanidad, fue una gran responsabilidad y por ello, lo que siempre propugnó fue que cuando un peruano cantara “Contigo Perú” en cualquier parte del mundo, recordara no solo su terruño, sino que se sintiera orgulloso de la tierra en que nació. Y a la vez, sintiera la obligación moral de dar todo para hacer cada vez más grande nuestro país.

¿Cómo quiere que lo recuerden? Le pregunté y Oscar Avilés me dijo bromeando “jovencito ya me has matado” y nos reímos mutuamente de la escena.

Su humildad era lo que lo hacia mas grande. La ultima vez que lo vi, en su habitación del Hospital Rebagliatti, le estreché la mano y le agradecí como peruano por haber dado vida con sus melodías, aquellas canciones que nos escarapelan la piel y nos recuerdan lo hermoso que es ser parte de este país.

No me imaginaba que solo unos meses después, don Oscar Avilés nos dejaría. Pero, hay algo que quienes lo conocimos, sabemos. Cada vez que un peruano en cualquier parte del mundo canta con lagrimas en los ojos “Contigo Perú”, la guitarra de Don Oscar suena en el infinito.

Y estoy seguro que al lado de cada patriota don Oscar Avilés estará alentando con las frases de la canción que convirtió en parte de su vida.

¡A triunfar peruanos!

Que somos hermanos

Que se haga victoria nuestra gratitud

Te daré la vida y cuando yo muera

Me uniré en la tierra contigo Perú.


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