Opiniones

Manuel Vicente villarán y la educación primaria en el Perú del Siglo XIX

Augusto Lostaunau Moscol

Nacido en Lima el 18 de octubre de 1873, miembro de una familia de profesionales formados en San Marcos, Manuel Vicente Villarán Godoy estudió en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde en 1908, para optar el grado de Bachiller en Ciencias Políticas y Administrativas, sustentó la tesis El Factor Económico en la Educación Nacional, que fue aprobada por unanimidad, sobresaliente y con mención de publicación. Esto último ocurrió en octubre de ese mismo año, cuando en la Revista Universitaria, apareció el texto completo de su tesis. Además, fue reproducida en su libro Estudios Sobre Educación Nacional (Lima, 1922).

Posteriormente, en 1913, publicó –en tres partes- su estudio sobre La Instrucción Primaria, siendo la primera entrega: La Instrucción Primaria de 1821 a 1850 (Revista Universitaria, Lima abril 1913); La segunda parte la denominó La Instrucción Primaria en el Perú de 1850 a 1873 (Revista Universitaria, Lima mayo de 1913); Mientras que, la tercera parte fue titulada La Instrucción Primaria en el Perú de 1873 a 1901 (Revista Universitaria, Lima setiembre de 1913). Cabe decir, que en sus tres partes, realizó un recorrido de la educación primaria en el Perú de la República del siglo XIX.

Los artículos de Villarán en 1913, coinciden con la decisión tomada desde el Poder Ejecutivo por el Presidente de la República, Guillermo Billinghurst, quien (como indica Jorge Basadre) expresó que:

Yo quiero a mi pueblo porque siempre, siempre trabajando, he vivido cerca de él y sé que es noble, generoso y sincero y que si algunas faltas comete es por la ignorancia y no por maldad; y de que el pueblo sea ignorante sólo tienen la culpa aquellos que, por falta de patriotismo, no hicieron del Perú una sola escuela cuyos linderos fueran sus fronteras”.

Basadre señala que cuando llegó al poder, Billinghurst tampoco logró hacer del Perú “una sola escuela”. Pese a lo anuncios que realizó en el discurso especial de septiembre de 1913, donde –como bien señaló Jorge Basadre- anunció:

La intensificación y orientación realista de la educación primaria mediante el establecimiento de cursos de artes prácticas en las escuelas primarias para futuros carpinteros, herreros, hojalateros, etc., escuelas nocturnas para analfabetos y semianalfabetos, cursos de artes domésticas en las escuelas femeninas de provincias, plazas para doscientas niñas de los distintos lugares de la República en la Escuela de Enseñanza Doméstica”.

Mejor dicho, lo que planteó el Presidente Guillermo Billinghurst, fue crear una escuela para el trabajo, mejor dicho, instruir a los niños para que cumplan una función de trabajadores, obreros o empleadas del hogar. De esta manera, los empresarios y las familias adineradas tendrían la facilidad de encontrar mejores trabajadores y mejores “sirvientas o muchachas”. Pero, la propuesta de Billinghurst parte de una realidad tangible: la educación primaria en el Perú no tenía mucha validez, salvo aprender a leer y escribir o las cuatro funciones básicas de las matemáticas, los otros conocimientos eran totalmente “Inútiles” para su deseo de formar obreros y domésticas.

En paralelo, Manuel Vicente Villarán, desde San Marcos, publicaba sus textos donde describía las características más resaltantes de la Instrucción Primaria en el Perú del siglo XIX. En el artículo que abarcó de 1821 a 1850, indicó que:

Durante un largo periodo de más de treinta años, y no obstante las repetidas declaraciones teóricas a favor de la instrucción primaria, fue esta lamentablemente descuidada. Los esfuerzos que se observan en su favor son débiles e intermitentes y se carece de un plan administrativo y económico que les de orientación. Falta, así mismo, un plan pedagógico. No se dictan leyes generales sobre la materia, se deja todo a la acción desordenada y a las corrientes variadas de los decretos gubernativos. Apenas sí, en el orden legislativo se hacen declaraciones doctrinales, consignadas en las constituciones políticas. El problema se quiere resolver particularmente para cada provincia, para cada pueblo, para cada escuela, según las urgencias del momento y por razones de circunstancias”.

Es, en pocas líneas, lo que sucedió con la educación en el Perú del siglo XIX. Abandonada a su suerte y sin ninguna importancia, las escuelas fueron escasas y-donde existieron- dejadas de lado. En Lima y otras ciudades importantes, la educación fue parte de los privilegios de las clases dominantes. En el resto del país, la escuela o fue condenada al fracaso o, simplemente, no existió. Pese a que, en la Historia de la Educación Peruana, se indica mucho que luego de proclamada la Independencia en julio de 1821, el general José de San Martín introdujo en el país el sistema lancasteriano. Incluso, la presencia de Diego Thompson por nuestras tierras, fue aprovechada para crear la Escuela Normal bajo la dirección del mismo Thompson. Además, Simón Bolívar decretó la instalación de una escuela Normal en cada provincia. Todo fracasó. Villarán reconoce la existencia de voluntad; pero la realidad será otra.  Por ello, Villarán cierra su texto indicando que:

El año 1849, según la memoria del ministerio del ramo, habían solamente 260 escuelas de varones y 33 de mujeres, con 13,118 alumnos varones y 295 mujeres. (Cuadro anexo a dicha memoria). El ministro proponía el aumento de esas escuelas al número de 408 “que son las indispensables según los informes de los prefectos”.

Por las cifras que presentó el ministro en su memoria de 1849, podemos inferir que muchas de estas escuelas sólo funcionaban de nombre; pero en la realidad estarían abandonadas o cerradas. Entre los varones implica que cada escuela tendría un promedio de 50 alumnos matriculados; mientras entre las mujeres, menos de 10 alumnas matriculadas. Además, la educación en el Perú siempre ha sido una pirámide: muchos empiezan y pocos terminan. La deserción escolar es permanente.

En el segundo artículo que abarca de 1850 a 1873, Manuel Vicente Villarán Godoy indicó que:

El presupuesto escolar impuesto por las cámaras, destruía la iniciativa del gobierno para crear y distribuir las escuelas y restringía innecesariamente su autoridad como administrador de la instrucción. De otro lado, la acción del gobierno central, al extenderse a los diversos lugares de la República, se debilitaba y perdía por falta de brazos auxiliares aptos y fuertes que lo secundaran con eficacia. Las comisiones departamentales, provinciales y parroquiales, o no funcionaban o desempeñaban mal los deberes de su cargo, y la instrucción se hallaba en manos de los sub-prefectos. Documentos oficiales de la época atestiguan la debilidad, la inutilidad y aún la corrupción de las comisiones y de las autoridades políticas en el servicio escolar”.

Mejor dicho, pese a los esfuerzos realizados por el Poder Ejecutivo, principalmente durante los gobiernos de Ramón Castilla, la educación primaria en el Perú del siglo XIX siguió en el ostracismo. Los Reglamentos de 1850 y 1855, en realidad, fueron letra muerta. Los grandes males de la educación heredados del periodo anterior, se mantuvieron vigentes e, incluso, se ahondaron. La Prosperidad Falaz de la Era del Guano, no significó nada para la educación, principalmente en las regiones alejadas de Lima y en el ámbito rural.

Incluso, durante el gobierno de Mariano Ignacio  Prado, se dieron decretos que buscaron hacer de la educación un todo orgánico. Unir la educación primaria con la secundaria y la universidad. Villarán Godoy indicó que:

Los gobiernos posteriores al de 1866 echaron en olvido las saludables iniciativas del ministro de la Dictadura sobre reforma en la administración escolar, y el gobierno de las escuelas continuó entregado exclusivamente a la nulidad de las comisiones de instrucción dominadas por los prefectos  y sub-prefectos. Sin embargo, el concepto de la necesidad de dar al gobierno auxiliares más competentes y eficaces para gobernar y vigilar las escuelas, fue abriéndose camino”.

En la Historia del Perú Republicano, la política del borrón y cuenta nueva es toda una especialidad.  Casi todos los gobiernos han decidido actuar de manera individual frente a los problemas del país. Son muy pocos los presidentes que decidieron continuar la labor de su antecesor y, es muy común, que buscarán dejar “bombas” a su predecesor. Así, entre sabotaje y sabotaje, cada periodo gubernamental ha significado más atraso y menos avance. En el tema educativo, no hemos hecho excepción. Cada gobierno ha intentado “diseñar” un modelo y un sistema educativo muy particular. Según sus intereses o los intereses de quienes los apoyaron a llegar al poder. La corrupción siempre ha campeado entre quienes buscar “aplicar” la salvación a la educación peruana. Con pocas y raras excepciones, cada ministro de educación ha significado ser un estorbo para el desarrollo educativo en el Perú. Parece que los “expertos” en educación sólo buscan justificar sus jugosos salarios. Para ello, modifican constantemente el modelo educativo. Entre “expertos”; “asesores” y “consultores” se gasta más dinero que en el salario de los maestros.

En el tercer artículo que abarca desde 1873 a 1901, Villarán indicó que:

Los defectos del régimen de administración escolar descentralizada dependiente de los municipios, fueron notorios y condujeron, como lo habían previsto sus opositores, al retroceso de la instrucción primaria”.

Fue el Presidente Manuel Pardo y Lavalle, quien en 1973, dio las leyes para la descentralización de la educación escolar en el Perú. Incluso, en 1875, se determinó que cada municipio debería sostener dos escuelas: una de mujeres y otra de varones. En el Congreso de la República, la idea fue apoyada por los miembros del Partido Civilista. Pero, la oposición fue muy dura y con argumentos muy claros, sostenía que dicho sistema simplemente fracasaría. El diputado Manuel María Gálvez, quizás fue el más claro cuando indicó que los municipios no contaban con las rentas, la capacidad política y el deseo para dirigir el sistema educativo en su localidad.

Pese a todas las críticas, el sistema se implementó. La Guerra contra Chile lo paralizó, y –finalmente- todo se desplomó. Manuel Vicente Villarán indicó que los defectos eran:

1°- La pobreza de los municipios.

2°- Su casi permanente desorganización.

3°- Su incompetencia administrativa y pedagógica.

4°- La falta de vigilancia del Ejecutivo sobre la administración escolar de las municipalidades.

5°- La carencia de un cuerpo de inspectores profesionales.

6°- La falta de un órgano central de dirección”.

De esta forma, la educación primaria en el Perú fracasó durante la república del siglo XIX. Pese a los escasos esfuerzos y a las pocas ideas; los intereses particulares primaron sobre el país. El abandono de la educación pública de las regiones del interior del país, siempre será una contradicción por el esfuerzo de mantener el prestigio de un colegio y una universidad en Lima del siglo XIX. Las contradicciones sociales se reflejan mucho más en la educación. Colegio y Universidad para la aristocracia frente a escuelas de oficios para los pobres. Decir que se quiere mejorar la educación para desarrollar el país no significa necesariamente la democratización de la información y –mucho menos- del conocimiento.


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