Opiniones

La mujer en la independencia y la labor intelectual de Judith Prieto Zegarra

Augusto Lostaunau Moscol

En 1965, la abogada y educadora Judith Prieto Zegarra publicó su libro Así Hicieron las Mujeres en Perú (Talleres Gráficos ERV, Lima), donde presentó hechos realizados por mujeres durante el periodo de la Independencia. Es un homenaje a la mujer peruana frente al sesquicentenario (1971) de la Independencia del Perú.

Durante la rebelión de Juan Santos Atahualpa, se destacó Ana de Tarma, quien dirigió a un grupo de mujeres guerrilleras que lucharon al lado de sus familias. Sus órdenes fueron acatadas por 52 mujeres que formaron su regimiento. Luchó en las batallas del Río de la Sal y de Nijandaris donde los realistas fueron vencidos. Su nombre circuló en los cuarteles españoles como sinónimo de arrojo y valentía.

Durante el levantamiento de Huarochirí (1750), mujeres como María Gregoria se encargaron de armar a las mujeres del lugar para unirse en la lucha contra las autoridades españolas. Cuando Francisco Ximenes Inca –su esposo y líder del movimiento- fue capturado, ella escapó y reorganizó a los lugareños con el objetivo de continuar la insurgencia.

Juana Moreno, dirigió el levantamiento de Llata de 1777. El Teniente Corregidor General Domingo de la Cajiga llegó a Llata a fines de julio de 1777 e inmediatamente impuso el cobro de los tributos a los indígenas. Utilizando métodos violentos, De la Cajiga obligó el pago de los tributos, lo cual determinó la indignación de los habitantes del lugar. Juana Moreno organizó a los indígenas y asaltaron la casa del Teniente Corregidor, siendo ajusticiado por los cargos de exterminador de la raza.

La Revolución de Túpac Amaru y Micaela Bastidas de 1780, fue la respuesta de mayor  violencia contra el régimen colonial impuesto en toda América. Conocidas son: Micaela Bastidas (máxima lideresa de los ejércitos revolucionarios); Tomasa Tito Condemayta (Cacica de Acos); Marcela Castro; Úrsula Pereda; Francisca Herrera; Catalina de Zalas y Pachacuti, Manuela Tito Condori; Margarita Condori; Ventura Monjarras; Antonia de Castro; Nocilasa Torres; Susana Aguirre; Antonia de Castro y Cecilia Túpac Amaru. Además, en el Alto Perú: Bartolina Sisa (Esposa de Julián Túpac Katari  y Gregoria Apaza. Incluso, 17 mujeres fueron sentenciadas al destierro perpetuo, entre ellas tenemos a: Andrea Cozcamaita; Santusa Castro; Paula Noguera; Bartola Escobedo y Santusa Canqui. Mientras que a 19 mujeres se les confiscó todos sus bienes, entre ellas están: Isidora Escobedo; Ascencia Castro; Dionisia Caguaytapa; Catalina Guancachoque; María Cruz Guamancoponga; Gloria Maique  y Andrea Uscamanco.

En 1783, Felipe Velasco encabezó el levantamiento indígena de Huarochirí. Velasco se hacía llamar Túpac Inca Yupanqui y sostenía ser pariente de Túpac Amaru. Su esposa, Manuela Marticorena se puso al mando de los ejércitos campesinos. Nicolás Almendras junto a su esposa Manuela Rodríguez se unieron al movimiento encabezando la guerrilla de los pastores. Igualmente, Ciriaco Flores se puso a dirigir el movimiento. Pese a las victorias, el corregidor Felipe Carrera logró convencer a los indígenas que las cosas cambiarían. Entonces los líderes fueron traicionados. Los varones fueron azotados mientras que Manuela Marticorena y Manuela Rodríguez recluidas en un beaterio por 10 años y, posteriormente, desterradas.

Melchora Toledo y Juana Molina (madre e hija respectivamente), en 1790, fueron acusadas de sedición en el pueblo de Huancané. En el expediente judicial se puede leer que ambas eran parte de un Círculo Femenino de las Regiones del Sur, que constantemente conspiraba contra España  y predicaba la Libertad del Perú.

Ese mismo año, pero en Lima, Isabel de Orbea fue denunciada ante el Tribunal del Santo Oficio por el delito de “Filósofa”. Orbea participaba del ambiente literario de la capital. Desarrolló ideas independentistas, denunciando la opresión de España sobre América. Su casa se convirtió en un centro de conspiraciones, apoyo a la Independencia y protección de perseguidos. Pese a la persecución, Isabel de Orbea jamás traicionó sus ideales, se mantuvo firme como independentista. En 1822, junto a Fermina de la Quintana, realizó la famosa recolección de joyas y alhajas entre las damas de la alta sociedad limeña. Fue el 29 de octubre cuando las mujeres aristocráticas de Lima, se desprendieron de sus objetos suntuosos para financiar las campañas militares. El propio General José de San Martín, la condecoró con la Orden del Sol y fue reconocida como Dama Patriótica de la Gesta Independentista.

En junio de 1793, se produjo el levantamiento indígena en Parinacochas. Liderados por Micaela Valeriana, María López, Ambrosia Huamán (indígenas) y Romualda Balbuena (mestiza), los indígenas protestaron contra el aumento abusivo de los tributos. Además, rememoraron la Revolución de Túpac Amaru y Micaela Bastidas.

Gertrudis Castro, Simona Vilelas, María Salazar e Isidora Álvarez, participaron activamente en el levantamiento de Ferreñafe, del 25 de mayo de 1795. La sublevación fue duramente reprimida, originando que muchos escapen a las regiones andinas, pero se ordenó la persecución. Los varones capturados fueron condenados a muerte; mientras las mujeres azotadas públicamente y luego desterradas a otros virreinatos. El cumplimiento de las condenas siempre fueron público con la intención de causar temor entre los indígenas y campesinos; pero eso sólo determinó mayor repudio contra España y el sistema colonial.

En 1803, una mujer que ha pasado a la historia como Mercedes “La Comediante”, fue denunciada en Lima ante el tribunal del Santo oficio. Se le acusó de leer libros prohibidos y prestarlos entre sus amistades. Se le encontró –como prueba incriminatoria- el libro El Sofá, del francés Claude Prosper Jolyot de Crebillon. Un “cuento moral” escrito en 1740, que se ubica entre la sátira y la frivolidad. Pero, su tratamiento sobre costumbres de otras sociedades no católicas, determinó que fuese de lectura prohibida.

El 15 de enero de 1804, se inició el juicio contra los indígenas lambayecanos que dirigieron las protestas contra España. Fue el cacique José Dámaso Temoche, quien elevó los tributos. Mujeres como María Natividad Sono y Paulina Huerta, formaron –junto a sus esposos- un contingente de resistencia. Tomaron la Iglesia Matriz y atacaron el Cabildo, y la casa del cacique Temoche. Los ejércitos realistas tomaron el control. Los varones fueron encarcelados y las mujeres azotadas en forma pública.

En 1807, un grupo de mujeres fueron denunciadas ante el Tribunal del santo oficio por el delito de leer libros prohibidos. Mariana de Orbegoso, Condesa de Olmos, quien participó activamente de los grupos literarios de la capital -siendo reconocida públicamente como escritora notable-, así como en la difusión de ideas independentistas, fue acusada de leer Abelardo y Eloísa, libro de autor anónimo, donde narra la decisión de Eloísa de mantener una relación sentimental con el joven filósofo Abelardo. Decisión que fue tomada pese a la oposición de su familia. Libro prohibido porque destaca la “libertad de las mujeres” en tomar sus propias decisiones.

Otras mujeres denunciadas ante el Tribunal del Santo Oficio, fueron Manuela Plat, María Candelaria Palomeque y Mercedes Arnao, todas ellas escritoras reconocidas y de familias distinguidas (con todo lo que eso significa al interior de una sociedad aristocrática y colonial), quienes por poseer, circular y leer libros prohibidos, tuvieron que pasar por los calabozos de la persecución ideológica.

Brígida Silva de Ochoa, fue una dama patriota que actuó con determinación en varios levantamientos populares y apoyó las tropas independentistas llegadas desde el exterior. Existen muchos documentos escritos por los líderes de las expediciones libertarias que la nombran y agradecen sus esfuerzos y decisión de mantenerse al lado de la Independencia del Perú. Incluso, Bernardo de Monteagudo la consideró “más valiente que muchos hombres”. Por ello, se le otorgó el privilegio de la Banda de Seda de Patriota. E, incluso, se le otorgó un diploma -11 de enero de 1822- como reconocimiento oficial del Estado Peruano, a sus labores y sacrificios por la Patria.

Juana Toribia Ara, patriota tacneña que pregonó los ideales patriotas y anti españoles. Alojó a los hermanos Pallardeli, cuando se encontraban proscritos por las leyes coloniales. Participó en las luchas de su región. Escapó al Alto Perú, pero fue detenida en Oruro, pero la corrupción de España significó que pueda entregar 10mil pesos a cambio de dejarla fugar. Se refugió en las Yungas, donde salió para buscar la libertad de su esposo Manuel Calderón de la Barca.

En el levantamiento cuzqueño de 1814, fueron muchas las mujeres que se colocaron en las filas patriotas para terminar con la dominación española. Juana Noin; Vicenta Eguino; Simona Josefa Mansaneda; Ramona Senosain y Paliza; Ventura Ccalamanqui; Martina Aranguri; Magdalena Zenteno; etc. ofrendaron sus vidas siguiendo sus ideales de libertad. Su contribución es reconocida por los pueblos del sur andino peruano. Pese a ello, la Historia Oficial practicada por los “académicos” les ha negado un reconocimiento nacional.

Josefa Carrillo, Marquesa de Castrillón, en 1919, fue denunciada ante el Tribunal del santo Oficio, por poseer y circular libros prohibidos. El Arte de Amar de Ovidio, Eloísa y Abelardo, El Sofa, entre otros textos, fueron la prueba de sus acciones ilegales. En realidad, ella pregonaba la independencia en todas las reuniones de la alta sociedad limeña, originando el malestar entre la mayoría de los varones aristócratas y hacendados limeños que estaban a favor de España. Los varones de la aristocracia colonial limeña veían con desagrado la Independencia y el final del sistema colonial que tanto les favorecía. Por ello, muchos fueron parte del Regimiento Real de Lima o Real Infante Don Carlos, que apoyó decididamente al Virrey Fernando de Abascal en sus luchas contra las Juntas de Gobierno. La historiadora Celia Wu Brading, en su libro Generales y Diplomáticos, ha demostrado que gran cantidad de altos oficiales del Ejército del Perú – a inicios de la República- se formaron militarmente en los ejércitos españoles. Así, Los generales Francisco Salazar; Domingo Tristán; Agustín Gamarra; Antonio Gutiérrez de la Fuente; Juan Salazar y Carrillo; Pío Tristán; Antonio Vigil; Ramón Castilla; José María Raygada; etc. pertenecieron a los ejércitos de su majestad. En cambio, Toribio de Luzuriaga se formó como patriota y luchó en la independencia de Argentina, Chile y el Perú, pese a ello, la Historia Oficial siempre le ha dado un espacio menor. Mujeres patriotas enfrentando a varones realistas.

Una pregunta válida es: ¿Por qué tantas mujeres ante los Tribunales del Santo oficio por leer y difundir obras literarias? ¿Novelas o cuentos? José Carlos Mariátegui responde:

“La ficción no es libre. Más que descubrirnos lo maravilloso, parece destinada a revelarnos lo real. La fantasía, cuando no nos acerca a la realidad, nos sirve bien poco. Los filósofos se valen de conceptos falsos para arribar a la verdad. Los literatos usan la ficción con el mismo objeto. La fantasía no tiene valor sino cuando crea algo real. Esta es su limitación. Este es su drama”.

La lectura de obras literarias, permite que se realice una contrastación entre lo real y la ficción. Entonces, si lo real es percibido como calamitoso o injusto; entonces, la ficción puede servir como ejemplo para construir una idea de “como deber ser la sociedad”. Durante la Independencia, la literatura ocupó un rol muy importante para “pensar el Perú” de manera distinta. Y las mujeres intervinieron mucho en ese intento de construir un Perú muy diferente al colonial. Lástima que la política se nutre tan poco de la literatura. Leer es subversivo, pero hacer leer es verdaderamente revolucionario. Por ello, el control sobre lo que se lee era importante para las fuerzas represivas del Estado Colonial. Una herencia colonial que hasta hoy perdura.


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