Opiniones

Imágenes en silencio: Pandemia y viejos prejuicios sociales en el Perú del 2020

Augusto Lostaunau Moscol

The Artist o El Artista es la película francesa dirigida por Michel Hazanavicius que en el 2015 logró ganar el premio óscar a Mejor Película. Una característica del filme es que fue una película silenciada, es decir, al viejo estilo del cine mudo, sólo se presenciaron las escenas acompañadas de música y algunos textos explícitos e implícitos. Según el escritor y director de cine español, David Trueba:

“El éxito de la película muda The Artist no ha traído una revisión de aquellos inicios del cine que han quedado bajo el polvo de la historia. El cine mudo significó un apasionante género de expresión artística y de avance tecnológico. La lectura que podría hacerse en nuestros días sobre las conquistas creativas y el desarrollo industrial de lo que entonces era una aventura de pioneros nos abrirían los ojos en un momento de similar cambio tecnológico. Pero los Oscar de la película no impulsaron una revisión de las joyas del mudo, incluso la película se nutrió de ellos sin reivindicarlos con justicia. Así que el mudo pervive en un silencio que parecería irónico si no fuera despreciativo y empobrecedor”.

Pero, si bien es cierto, la película no significó un reverdecer del cine mudo, que tuvo sus años de gloria a inicios del siglo XX, y que es una demostración de la capacidad inagotable de la imaginación humana, los medios de televisión audiovisuales han creado sus formas de silenciar imágenes para descontextualizar lo que el observador se encuentra viendo, y dirigir su percepción hacia otro lado. Mejor dicho, para que miremos pero entendamos lo que el medio de comunicación nos quiere obligar a entender.

El cine mudo que fue toda una proeza artística que presentó la técnica de la sobreactuación en imágenes en movimiento acompañadas de la música de una orquesta “en vivo” e incorporó –entre escena y escena- algunos títulos para ayudar al espectador. Hoy es un recurso no agotado para generar el rebrote de ciertos prejuicios sociales que debieron ser liquidados junto a la oligarquía andina semifeudal durante la Reforma Agraria de 1969. Así como el odio a Juan Velasco Alvarado es común entre los ex oligarcas –hoy burgueses a la fuerza-; estas imágenes silenciadas han hecho que el racismo-clasista y el sexismo-clasista tengan su primavera en pleno mes de mayo.

Los noticieros televisivos han llenado nuestra memoria de imágenes donde se pueden apreciar masas de individuos que “hacen caso omiso a la cuarentena”. Y, estas mismas imágenes coinciden con los comentarios de los narradores, quienes con rostro circunspecto, se “espantan” de lo que hacen estas masas de individuos que habitan las zonas marginales de la capital y de las principales ciudades del país.

Una escena que marcó a los televidentes, son aquellas tomadas por algún aficionado que, desde una ventana y con teléfono celular en mano, grabó para siempre a decenas de personas haciendo cola –junto a sus cajas de cerveza- en la ciudad de Piura. El “escándalo” se propagó como reguero de pólvora y los comentarios de “espanto” se hicieron presentes. Se culpó a los compradores de cerveza de esparcir el virus de forma irresponsable; se dijo que estaban gastando el dinero del bono. “Estos cholos de mierda no tienen ni para comer pero, si para chupar cerveza” se escuchó decir a voz en cuello. Aunque, las imágenes estaban en silencio, los narradores de noticias se encargaron de imprimir en ellas el peor racismo-clasista que existe en el Perú desde hace 500 años.

Ninguna autoridad local, regional o nacional se acercó a los compradores y les realizó el despistaje para determinar si presentaban la enfermedad  y, por lo tanto, estaban “esparciendo irresponsablemente el virus”. Ergo: sostener que ellos son los “culpables” del contagio y muerte de miles de peruanos no tiene cómo documentarse. E, incluso, afirmarlo puede significar cometer un delito.

Ninguna autoridad local, regional o nacional se acercó a los compradores y les pidió sus DNI´s, para cotejar si eran beneficiaros del bono económico entregado por el gobierno a ciertas familias del Perú. Lo que significa que jamás se sabrá si fueron a adquirir cajas de cerveza con el dinero para los alimentos. Por lo tanto, nadie puede afirmar que gastaron el dinero del bono en licor porque no existe como documentarlo.

Incluso, cuando se decretó el Estado de Emergencia, no se incluyó la Ley Seca, por lo tanto, hacer cola acompañado de cajas de cerveza no es delito. La Policía nacional del Perú no podía detener a nadie. Y la fiscalía no podía acusarlos por comprar cerveza. En los supermercados de Lima, los pasillos donde se venden licores están habilitados. Todos podemos ser testigos de cómo se compran botellas de whisky etiqueta azul por docenas; cientos de botellas de vinos y piscos. Se pagan en caja y se llevan en autos particulares. Nadie filma. Nadie sube esas imágenes en las redes. Ningún noticiero las presenta en silencio. Ningún narrador se “espanta” y hace un comentario casi desmayándose de horror. Nada. Nadie. Todos guardan silencio absoluto. 

Y, los periodistas, no han investigado por qué –en plena pandemia y crisis total del país- un vendedor ofrece cajas de cerveza. ¿Acaso fue un remate para conseguir dinero de manera urgente y salvar un familiar? ¿Los compradores se solidarizaron con el vendedor? No. Imposible suponer eso. Se trata sólo de “cholos de mierda que irresponsablemente esparcir el virus y enferman a miles de peruanos mientras otros miles mueren”. Los culpables de esta desgracia nacional son unas docenas de compradores con cajas de cerveza. Todo resuelto. El guión ya está escrito y las imágenes se repetirán en los programas de fin de año. Los que sobrevivan las verán y pensarán: “fue culpa de esos cholos de mierda”. Las arcas del país han sido saqueadas por todos los gobiernos de los últimos 200 años. Pero, ya tenemos culpables. Ahora los historiadores deben hacer el trabajo sucio. Barrer la historia, ocultar la verdad debajo de la alfombra de algún ex oligarca –hoy burgués a la fuerza- que financió la beca para estudios en el extranjero; y mostrar a los descendientes de los sirvientes y yanaconas comprando cajas de cerveza. La culpa la tiene Velasco y la maldita Reforma Agraria.

Una segunda imagen fue grabada en Lima. En la puerta de emergencia del Hospital 2 de Mayo. Un joven mototaxista se apura en dejar a una mujer muy mayor en la puerta del nosocomio. Todos corren. Nadie se acerca a la señora. Esta muy enferma. Hierve en fiebre. Ningún taxi la quiso recoger. Ningún patrullero. Ni serenos. Las ambulancias del Ministerio de Salud prácticamente no existen. El griterío aumenta. La mujer mayor es ingresada al hospital. Muere. Los familiares lloran de impotencia, rabia y pena. Pero, las imágenes silenciadas que muestran al joven mototaxista arriesgando su vida para ayudar a una mujer mayor que, quizás, le recuerda a su abuela o madre, son presentadas con “horror”. Los narradores de noticias –otra vez- con sus caras de inquisidores de última categoría, tratan de imponer su racismo-clasista en el televidente. Son los mototaxistas los que esparcen la enfermedad. Son esos irresponsables. Esos “pandilleros”. Esos “rateros”. Ellos son los culpables de los miles de contagiados y muertos. No cabe duda. Un mototaxista ayuda a una anciana en llegar al hospital. No lo hizo el Estado. No lo hizo el Ministerio de Salud. No lo hizo la Policía nacional del Perú. El sexismo-clasista se hace presente. ¿Hubiesen actuado igual las autoridades si la mujer enferma fuese miembro de una familia que puede atropellar y matar jóvenes ingenieros en la avenida Javier Prado? ¿Los “serios” periodistas opinarían lo mismo si la mujer hubiese sido rescata por un joven que puede amenazar a un policía y decirle “cholo de mierda”? Esta será otra imagen que veremos en el recuento de noticias de fin de año. Los que sobrevivan.

En el Perú, la gente muere porque los hospitales han colapsado. Porque no existen camas de cuidados intensivos. No existen respiradores artificiales. No hay medicinas. Y no existen porque el dinero de los presupuestos fue apropiado de manera ilícita por algún funcionario de pacotilla que “aprovechó” su momento y le robó una vida o miles de vidas al país. Siempre se dijo que la corrupción mata. Hoy es el mejor ejemplo de ello. Los verdaderos culpables de los miles de peruanos muertos son los gobiernos que se dedicaron a saquear el país. Y los medios de comunicación sólo están buscando culpar a las víctimas. Ese es su trabajo. Por ello reciben un salario. Y los narradores de noticia lo saben. Y los historiadores lo saben. Pero, en el futuro se escribirán libros y artículos sobre la pandemia y los protagonistas del desastre serán los más pobres. Total, los documentos ya fueron creados con ese fin.


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