Opiniones

El marinero que encontró a su amada lanzando al mar una carta dentro de una botella

Por Armando Avalos

“Estoy feliz de vivir con Age, el chef cocinero que conocí por una increíble coincidencia”, afirmaba sonriente y emocionada Paolina Puzzo a la prensa italiana cuando acababa de cumplir 25 años de matrimonio con el marinero sueco que una tarde del año 1957, aventó al Mar del estrecho de Gibraltar una botella con una carta para “una bella y lejana desconocida”.

La misiva luego de 6 meses llegó a la costa de Sicilia y a las manos de Paolina que contestó al hombre: “No soy bella, pero parece un milagro que una botellita tan pequeña durante tanto tiempo estuviera nadando para terminar en mis manos, así que no pude no contestarte”. Así comenzó, una de las más fantásticas historias de amor.

Una historia que nos impulsa a meditar si el amor verdadero está predestinado. Si en algún lugar del planeta hay alguien que espera que la encontremos o la busquemos. Otra alma gemela que también nos busca sin mapa sino con el corazón.

Muchos de esos amores nunca llegarán a encontrarse. La suerte o el destino muchas veces necesitan una ayudita, como esa botella con una esperanzadora carta que escribió un nostálgico marinero de 22 años. Un mensaje que el 2008 cuando Age y Paolina cumplieron 50 años de feliz matrimonio demostraba que en realidad había llegado a su verdadero destinatario.

Un cuento de Hadas que realmente comenzó cuando el pescador Pascuale Micca encontró el verano de 1958, en la playa, la botella con el mensaje del marinero y se lo dio a Paolina de 17 años. La muchacha corrió con la misiva escrita en sueco a la parroquia del pueblo. Con ayuda del sacerdote y un diccionario la tradujo.

La respuesta de Paolina llegó a Age varios meses después en italiano por correo regular. Los jóvenes intercambiaron fotografías y finalmente votos. Age pidió a Paolina conocerla en persona y viajó a Siracusa donde estuvo dos meses, que sirvieron a ambos para confirmar que el destino no se había equivocado. Al comienzo solo se hablaban con señas y risas. Age regresó a Suecia con la promesa de volver y casarse con Paolina quien prometió esperarlo.

Age regresó el 4 de octubre de 1958 pero esta vez todo el pueblo de Siracusa era una fiesta al enterarse de la historia de amor de la italiana y el vikingo que comenzó con un mensaje dentro de una botella. 

En 1985 Age Wining y Paolina Puzzo posan para la foto junto a sus hijas.

Pascuale, el pescador que encontró la botella fue el testigo de la boda, celebrada en la Iglesia de San Paolo en Sicilia. 30 periodistas de Inglaterra, Francia, Suecia e Italia llegaron para comprobar esta historia de amor. Más de 4 mil personas fueron a la boda. Muchas mujeres desde los balcones arrojaban flores y lloraban emocionadas al ver la hermosa pareja a quienes les habían enviado más de medio centenar de regalos.

El novio había cruzado los mares Atlántico y Mediterráneo para escuchar el sí de Paolina. Renunció a su religión luterana y fue bautizado como cristiano para poder concretar la boda, con la chica del mensaje milagroso.

Un misionero de nombre Giuffrida era el único en el pueblo que sabía sueco y actuó de intérprete. Cuando tradujo las palabras de Age: “Solo sé que te amo y quiero vivir el resto de mi vida a tu lado”, todos comenzaron a aplaudir y ovacionar a la pareja que se dio un tierno beso. Paolina no dejaba de llorar y reír de felicidad.

Esa tarde la pareja abrió la fiesta a ritmo de un tango, la misma música que 30 años después les pusieron cuando fueron invitados a la televisora RAI y al programa Carramba de Raffaella Carrá.

Cuando su amor se convirtió en inspiración para muchas parejas. Cuando el marinero recordaba a los televidentes que el amor no tiene límites y que a menudo puede florecer en lugares tan extraños como incuso dentro de una botella que ha sido enviada al mar.

Como lo hizo su marinero, Paolina dejó todo por su Príncipe Azul, con quien formó una familia en el pueblo de Fkara a 250 kilómetros de Estocolmo en Suecia. Ahí, Age Wining como lo hacía de cocinero en el trasatlántico donde una tarde se decidió a escribir una carta a “una bella y desconocida” muchacha, cuidó a su familia como chef mezclando los sabores suecos e italianos, la tierra que le entregó al amor de su vida.

La historia de Age y Paolina nos demuestra que el amor no tiene fronteras. Que encontrar el amor de nuestra vida, es un regalo del destino que a veces llega en el momento menos pensado y otras veces, necesita de nuestra ayuda. Pero tan importante como encontrarlo es cuidarlo y lograr que se convierta en la recompensa que nos ilumine hasta el final.

Paolina y Age posando con la botella que llevó la carta que lanzó al mar.


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