Opiniones

Pandemia y Bicentenario

Escribe Augusto Lostaunau Moscol.- Ad portas de iniciar la fiesta del Bicentenario, nuestro país se encuentra en medio de la Pandemia COVID 19 que va enlutando miles de familias a nivel mundial y local. Desde el gobierno, ya se preparaban para festejar. Por ello, se conformaron las llamadas Comisiones del Bicentenario, las cuales, tenían como principal trabajo, maquillar y decorar la realidad histórica del país frente al 2021. Mejor dicho, las susodichas comisiones no tenían ninguna función de interpretar los hechos de los últimos dos siglos; por el contrario, sólo tenían que hacer mirar a todos hacia otro lado. Pero, el Estado de Emergencia decretado –en forma tardía- por el Ejecutivo, dejó sin ningún piso los intentos de celebrar el Bicentenario.

Fue la Revolución de Túpac Amaru y Micaela Bastidas el acontecimiento que prácticamente desnudó el Perú Colonial de los siglos XVI; XVII y XVIII. Fue la Guerra contra Chile el acontecimiento que desnudó el Perú Republicano del siglo XIX. Fue la violencia política interna el acontecimiento que desnudó el Perú Republicano del siglo XX. Es la Pandemia del COVID 19 que prácticamente ha desnudado el Perú Neoliberal de inicios del siglo XXI, y –junto con ello- el fracaso que ha significado el Perú Republicano de los últimos 200 años.

Esta Pandemia COVID 19 ha dejado en evidencia la inexistencia de un sistema de salud; de un sistema de educación; de un sistema para enfrentar emergencias nacionales; de un sistema penitenciario; de un sistema de seguridad nacional; etc. Mejor dicho, gracias al COVID 19 ha quedado demostrado que el Perú es un país informal. Que los gobiernos son informales. Que los Poderes del Estado son informales. Que no existe un concepto elaborado de ciudadanía. Estamos en el país del “sálvese quien pueda” o “sálvese quien tenga dinero para hacerlo”. El Estado no funciona. No porque –como sostienen radical y sectariamente los neoliberales-  el Estado sea incapaz de poder funcionar; sino porque existen intereses económicos y políticos que no permiten que el Estado funcione. Nunca dejamos el Estado Patrimonial. Simplemente pasó de ser patrimonio de la Oligarquía para convertirse en patrimonio de los grupos políticos en el poder. Que, en muchos casos, coinciden en su origen social.

Según el portal de la Organización Mundial de la Salud (OMS):

“Un sistema de salud comprende todas las organizaciones, instituciones, recursos y personas cuya finalidad primordial es mejorar la salud. Fortalecer los sistemas de salud significa abordar las limitaciones principales relacionadas con la dotación de personal y la infraestructura sanitarios, los productos de salud (como equipo y medicamentos), y la logística, el seguimiento de los progresos y la financiación eficaz del sector. Es la suma de todas las organizaciones, instituciones y recursos cuya finalidad primordial es mejorar la salud…Un sistema de salud necesita personal, fondos, información, suministros, transporte, comunicaciones y orientación y dirección generales. También tiene que prestar servicios que respondan a las necesidades y sean equitativos desde el punto de vista financiero, al tiempo que se dispensa un trato digno a los usuarios”.

Bajo esa premisa, el Perú carece –desde siempre- de un sistema nacional de salud. Mejor dicho, no basta con tener sólo las partes; sino, todas las partes deben estar perfectamente interconectadas para lograr formar el todo. Por ello, establecer una política de salud que permita crear y mantener un sistema de salud no es simplemente: inaugurar hospitales. Los hospitales por si solos no son un sistema de salud. Eso ha quedado evidenciado en esta crisis. Tenemos un Ministerio de Salud que no tiene como objetivo la salud de los peruanos dentro del Perú. Los Ministros de Salud han sido simplemente figuras decorativas sin mayor poder de decisión. Y, lo único que han hecho es lograr que la salud se convierta en un buen negocio y un mejor negociado. Privatización y corrupción en salud ha significado que miles de peruanos tengan la idea que es mejor “comprar” un seguro médico que exigir derecho universal a la salud. Pero, lo que consolida éste pensamiento, es la existencia de corrupción en el sector salud. Entonces, las cosas no funcionan y, cuando funcionan, es gracias a la corrupción. Entonces, es mejor escapar de ello. Resultado: la privatización de la salud. El neoliberalismo pregonó ética; hoy muchos recién han comprendido que la ética no existe para los neoliberales. Hasta la muerte puede ser un gran negocio (y un mejor negociado).

La UNESCO sostiene que:

“La educación primaria y secundaria básica permite a los individuos adquirir habilidades y competencias fundamentales para convertirse en ciudadanos empoderados capaces de participar activamente en su cultura, sociedad y economía. Además, los años de escolarización constituyen un espacio clave para generar conectividades e interacciones positivas entre grupos sociales y culturales diversos y durante los mismos se construyen y transmiten valores y actitudes compartidas indispensables para la vida en sociedad y el desarrollo del capital y la cohesión social en la comunidad”.

En nuestro país, la educación está muy lejos de alcanzar los objetivos planteados por la UNESCO. La inexistencia de un sistema educativo y la falta total de objetivos ha generado que la escuela primaria y secundaria sea vista sólo como el antecedente directo de la universidad. Los niños peruanos asisten casi 14 años de su vida a la escuela para terminar frente a un examen de admisión. El ingreso o no ingreso a la universidad, es uno de los factores que determina la idea de aceptar o rechazar la calidad y la importancia de un determinado colegio. Entonces, los que ingresen a la universidad sólo tendrán la posibilidad de seguir prolongando su enfrentamiento con la realidad del país; por el contrario, los que no ingresen a la universidad serán inmediatamente parte de los problemas que aquejan el país. No existe otra mirada frente a la educación. Por ello, en tiempos de CORONAVIRUS, los padres rechazan otra forma de enseñanza que no sea la presencial. Se supone que los niños aprenden en el aula. Hemos olvidado que los niños primero deben aprender en hogar. Y, lo que es peor, un Ministerio de Educación sin ninguna reacción. Lerdo. Lento. Una burocracia que sólo ve en la educación un pretexto para lograr un sueldo del Estado. Totalmente incapaz. Los “especialistas” del Ministerio de Educación son totalmente nulos en el aula. Teóricos puros que se asustan cuando deben asistir a una cita con la realidad. Incapaces de evaluar lo real de la crisis. Parece que el 2020 en educación ya lo hemos perdido; pero no por el COVID 19, sino por el Ministerio de Educación.

Según el doctor Sergio Cámara Arroyo:

“Siguiendo a Téllez Aguilera, podemos definir la expresión «sistema penitenciario» como el conjunto de principios fundamentales que informan la ejecución de las penas y medidas privativas de libertad dentro de un ordenamiento jurídico. En este sentido, debemos distinguir el concepto de sistema penitenciario (que conforma «el todo»), de otros términos como el de régimen penitenciario, que hace referencia al conjunto de normas o medidas que persiguen la consecución de una convivencia ordenada y pacífica que permita alcanzar en el establecimiento la consecución de los principios del sistema penitenciario. De este modo, los modernos sistemas penitenciarios incluyen tanto la clasificación de los reclusos, el régimen y tratamiento penitenciarios, como el régimen disciplinario y la asistencia social al penado”.

La lectura de la cita anterior, nos demuestra que en el Perú no tenemos un sistema penitenciario. Es sabido que la justicia no es ciega. Que la balanza se inclina hacia el más poderoso. Que en las cárceles no están todos los que deben estar. Que en las cárceles están muchos que no deberían estar. Sin sistema penitenciario, tampoco existe régimen penitenciario. Un procesado o un sentenciado son enviados a la cárcel que se le ocurra a la justicia. Incluso, algunos están “recluidos” en instalaciones que no son cárceles. Lo que hace imposible saber si verdaderamente están “presos”. A ello, el hacinamiento y la corrupción, han deformado totalmente el sentido de “resocialización”. Para muchos es mejor que no exista resocialización. De existir, ya no habría coimas.

Y, es que el Estado de Emergencia también ha evidenciado que no se puede combatir el virus de la corrupción que existe de manera estructural en el Perú. Celebraremos en Bicentenario de la República de la Corrupción. Millones y millones de soles robados de las arcas del Estado para beneficiar a un ciento de individuos que hacen de la política un negociado, y del gobierno un teatro de operaciones.

Y, el Perú no se reactivará porque estará guiado por un Plan Nacional de Reactivación; el Perú se reactivará porque es la imperiosa necesidad de las grandes mayorías. En el Perú se puede morir de COVID 19. Pero, también se puede morir de tuberculosis. También se puede morir de hambre. De diabetes. Asesinado en la vía pública. Atropellado por un conductor ebrio que cruzó la luz roja y que en la comisaría puede “arreglar” el examen toxicológico.

Para millones de peruanos. Para los más pobres. El COVID 19 es simplemente otra posibilidad de morir. Quedarse en casa sin trabajar los aproxima mucho más a la muerte. Salir de su casa es sólo un albur.

Mientras tanto, el Bicentenario será una buena oportunidad para seguir succionando las arcas del Estado.


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