Opiniones

Las enfermeras que cambiaron vidas. Las batas blancas que el mundo llora

Escribe Armando Avalos.- Cuando eres enfermera sabes que un día cambiarás una vida o una vida cambiará la tuya. María Pollidari había cambiado muchas vidas en su pueblo de Porto Potenza en Italia. Había traído al mundo a la mayoría de los niños y hombres jóvenes de su pequeña ciudad. Todos ellos, la habían recibido cuando María semanas atrás había superado una delicada operación que la salvó de un incipiente cáncer al estómago.

A sus 84 años, María Pollidari se sentía feliz por el reconocimiento de su pueblo y por vencer a la muerte. Pero a veces es difícil aceptar los caprichos del destino. El 9 de abril último, su familia  recibió una llamada telefónica del hospital donde fue operada, indicándole que en los exámenes complementarios, María  había dado positivo para coronavirus.

La noticia fue devastadora para le enfermera, acostumbrada a salvar vidas y quien ahora tendría que volver a luchar por la suya.

Se encomendó a Dios y en su cama del Hospital solo pidió que le colocaran pegado a la pared, una hoja donde ella tenía grabada un pensamiento que la había guiado en su carrera como enfermera:

Si puedes curar, cura.

Si no puedes curar, alivia.

Si no puedes aliviar, consuela.

Y si no puedes consolar, acompaña.

A los tres días de  sufrir los síntomas del Covid19, María Pollidari falleció. Cuando su hijo Pierluigi llegó al Hospital, su madre ya había sido cremada y no pudo despedirse de ella. En una carta firmada por muchos de los niños y personas que ella trajo al mundo, indicaban que María había encarnado los ideales de su profesión, porque cuando uno cuida de un ser humano, es un acto de amor, pero cuidar a cientos como lo había hecho María era algo sublime.

ADIOS MAMÀ

Cuando a la enfermera británica Mary Agyeiwaa de 28 años le confirmaron que tenía coronavirus, no pensó en ella ni temió a la muerte. Lo único que pensaba era salvar a su bebé que llevaba en su vientre.

Acudió al Hospital para que le hagan una cesárea aunque era consciente que ello la condenaba a la muerte.

Al ingresar a la sala de operaciones, los médicos y enfermeras que la intervinieron juraron hacer todo su esfuerzo por salvar a su bebé. Mary les agradeció y mientras la iban sedando, una larga lágrima cruzó su mejilla porque sabía que no volvería despertar ni tampoco conocería a su hija.

Luego de varias horas de arduo trabajo, los médicos lograron sacar del vientre de su madre a la pequeña Mary. Llevará el mismo nombre de la mujer que ofrendó su vida por ella y la protegió. 

Los médicos y enfermeras del Hospital Luton and Dunstable, donde la enfermera trabajaba, comenzaron un movimiento para recaudar fondos y así ayudar a la familia de la enfermera y a su bebé.

Una de las amigas y colegas de Mary Agyeiwaa al ver su sacrificio afirmó que ella era “una persona irremplazable y que siempre cuidaba de los demás”.

María Pollidari y Mary Agyeiwaa son solo dos de las historias de nobleza, coraje, amor y compasión que nos deja a diario la pandemia en el mundo. Dos mujeres que encarnaban los valores y la humanidad de su profesión.  Dos almas nobles que su amor las hizo eternas.


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