Opiniones

La corrupción: El “Virus” que mata el alma. Los mártires de la policía que deben inspirarnos.

Escribe Armando Avalos.- El Suboficial del Escuadrón de Emergencia de la Policía, José Calixtro Girón siempre llegaba a casa con una enorme sonrisa y a veces con algunos dulces para sus hijos. Pero la tarde del 20 de abril fue diferente. Cuatro patrulleros llegaron a la puerta de su casa con una urna, donde estaban las cenizas del Suboficial, su boina y una bandera peruana.

Su esposa y sus dos hijos de 19 y 9 años, recibieron sus restos en medio de un profundo dolor, el mismo dolor que muchas familias de policías han sufrido en la “guerra” contra el mortal coronavirus. Cuando las cenizas de José Calixtro le fueron entregados a su familia, muchos vecinos salieron a aplaudirlo, porque lo consideraban un héroe y un amigo que ya no está.

Tan doloroso como haber visto la muerte de tantos policías por el virus del Covid19, es saber ahora, que muchos de ellos salieron a “combatir” la pandemia desarmados. La Fiscalía Anticorrupción ha hallado pruebas de cómo malos policías, no solo han lucrado “inflando” los precios de mascarillas, guantes quirúrgicos, jabones y alcohol en gel que debían proteger a nuestros policías, sino que en la gran mayoría de estas compras, los productos eran, de tan mala calidad o adulterados que en realidad no los protegían.

Lucrar en una tragedia humana es lo más vil. Lucrar a costa de la vida de otros seres humanos es incalificable. Aquí quisiera recordar las palabras del gran matemático persa Al-Juarismi cuando le preguntaron cómo saber el “valor” de una persona.

Él dijo: “Si la persona tiene ética entonces su valor es igual a 1. Si además es inteligente, agréguele un 0 y su valor será igual a 10. Si también es rico, súmele otro cero y su valor será igual a 100. Si por sobre todo eso, es además una bella persona, agréguele otro cero y su valor será igual a 1000. Pero si pierde el 1, que corresponde a la ética, perderá todo su valor, pues solamente le quedarán los ceros. Así de sencillo: Sin valores éticos ni principios sólidos lo único que quedan son delincuentes, corruptos y personas que no valen nada”.

Como dice Al-Juarismi, vivir sin ética es como vivir sin alma. Es el rostro más crudo que adopta el egoísmo. Es la falta total de amor al prójimo. Es esquivar los nobles ideales de cualquier profesión.

En la Parroquia San Juan Bautista de Zárate el 20 mayo último, un sacerdote oficiaba vía web una misa en memoria del Suboficial José Calixtro Girón y pidiendo además la recuperación de su hermano gemelo, el también policía Raúl Calixtro y quien sigue su lucha contra el coronavirus.

En su mensaje a los fieles y a los policías que rezaban, el religioso recordó la oración de los policías. Cuando salen de sus casas para proteger a otras familias y ruegan al Señor que en su ausencia, proteja a la suya

Ser policía es tener coraje para enfrentarse al mal, pero sobre todo, tener la sabiduría de no aliarse con él. Saber que la valentía no es necesariamente estar en un tiroteo sino hacer lo correcto. Comprender que solo la ética es la que nos garantiza la libertad y nos convierte en ejemplo a seguir. 

Suboficial PNP José Calixtro Girón, víctima del coronavirus 

La Fiscalía Anticorrupción halló, que de los 100 millones de soles que el gobierno entregó para la compra de mascarillas, alcohol en gel y otros equipos para proteger a los policías, un gran porcentaje de estos implementos, no eran “aptos para el uso” de los efectivos.

Por ejemplo, el alcohol en gel, solo tenía un 30% de alcohol metílico y 20% de alcohol etílico cuando se requería que tuviera como mínimo  90% para ser realmente antibactericida. Las mascarillas debían tener tres capas de tela de polipropileno pero solo tenían una. Es decir, muchos policías salían a cuidar a la ciudadanía y estaban en contacto con el virus del Covid19 confiando en unas mascarillas que no servían para nada.

Asimismo, muchas compras fueron sobrevaluadas en más de 300 por ciento. Aquellos que roban siempre tratan de justificar sus actos o minimizarlos. No se ponen a pensar que el dinero que logran está manchado por el dolor de otros seres humanos.

Que para conseguir ese dinero “vendieron su alma al Diablo”. Cada moneda se convierte en la pena y tragedia de una familia. Y como en el caso de corrupción que se ha descubierto en la Policía durante la pandemia, adopta el rostro de muchos hombres y mujeres que salieron a defender las vidas de sus prójimos, sin imaginarse que sus propias vidas eran puestas en peligro por el precio de la codicia.

Siempre digo que lo más importante para seleccionar a una persona para un cargo o trabajo son sus valores. Más importante es su actitud y ética que sus conocimientos o experiencia.

Dee Hock decía que para elegir a alguien en un cargo de responsabilidad lo primero que se debe ver es su integridad. Segundo, su motivación. Tercero su capacidad. Cuarto su comprensión. Quinto su conocimiento y finalmente su experiencia.

Sin integridad, afirma,  Hock: “la motivación es peligrosa; sin motivación la capacidad es impotente; sin capacidad la comprensión es limitada; sin comprensión el conocimiento es inútil. Sin conocimiento la experiencia es ciega. La experiencia es fácil de adquirir y rápidamente la aprovechan los que poseen las otras cualidades”.

Muchas veces las investigaciones se convierten en legajos de papeles y pruebas. En artilugios que los abogados utilizan para buscar la verdad o evadir la justicia. Pero no debemos olvidar, que el verdadero rostro de las víctimas de la corrupción, son padres de familia, hijos, hermanos o amigos que sufren, directa o indirectamente las consecuencia de aquellos que solo buscan el dinero fácil y no les importa el dolor que puedan causar.

Algunos de los valerosos policías que murieron víctimas del Covid19.


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