Opiniones

El Perú informal (y la corrupción) desbordó la cuarentena

Escribe Jaime Antezana Rivera.- En el día 68 del estado de emergencia, según el Minsa, hay 111,769 infectados y 3, 244 fallecidos a nivel nacional. Estas escalofriantes cifras son "fotografías" de un instante de esta pandemia. Horas después, vienen otras más gruesas.

¿Hemos llegado a la meseta del nuevo coronavirus en el Perú? Puede que sí, puede que no. Más es lo segundo. Lo cierto y real es que los infectados y fallecidos por el Covid-19 no se frenan. Siguen, con diferencias de grado por regiones, sin parar.

Ahora, más allá de las frías estadísticas, los hospitales de Lima, Lambayeque, Loreto y Ucayali y de otras regiones han colapsado. La muestra más dramática del colapso es que cientos de personas se están muriendo por ¡falta de oxígeno!.

Es decir, la mayoría de infectados con coronavirus, con o sin pruebas rápidas o moleculares, no encuentran ni lograran atención en los hospitales. Están regresando a sus casas a tratarse con medicamentos o recetas caseras para la gripe.

Y, si con esas recetas no logran revertir esta enfermedad, la gran mayoría está muriendo en sus casas o en la puerta de los hospitales exigiendo medicamentos o ventilador mecánico. Eso es lo que está pasando. ¡Hallar una cama es una ilusión!

Más, la muerte del alcalde de Masisea, Ucayali, Silvio Valles, de 42 años, y del médico Neil Alarcón Quispe, de 32 años, en Pucallpa, muestra que el Covid 19 no solo mata a los ancianos con males crónicos (diabetes, cáncer, etc.), sino a más jóvenes.

El panorama será peor si, como indican los datos y hechos, el espiral de esta pandemia prosigue; veremos el colapso total del precario y corrupto sistema sanitario, una de las expresiones de la crisis del Estado. El virus de la corrupción lo ha copado.

Así, pese a todo el esfuerzo que viene haciendo el gobierno, no habrá camas, ni ventiladores mecánicos, ni medicamentos, ni personal sanitario suficiente en casi todos los hospitales del país para atender a los infectados. Lo que haga será insuficiente.

¿Por qué creció y sigue creciendo los infectados y fallecidos por Covid-19 estando en una cuarentena y aislamiento social de casi 70 días? ¿Por qué no llegamos a la meseta y empezado el descenso como anunció el gobierno de Martín Vizcarra?

La tesis explicativa es que este notable incremento de infectados y muertes por el Covid-19 se debe al desbande de la cuarentena, el aislamiento obligatorio y la distancia social, medidas que buscaban frenar y evitar la propagación del Covid-19.

¿Quiénes han sido los protagonistas de ese desbande de la cuarentena que se hizo más evidente entre fines de abril y la primera semana de mayo? Los informales que son la mayoría del país (72%). El Perú informal desbordó con la cuarentena.

En efecto, son los informales que viven del día a día son los protagonistas del desbande de la cuarentena. Es un desbande de los informales que no podían seguir en un confinamiento que los condenaba a morir de hambre o del Covid-19.

Entre esas dos opciones, muchos de ellos optaron por salir a trabajar a los mercados y calles. Incluso, no dejaron de trabajar en todo este lapso. Otros lo hicieron porque creyeron -y siguen creyendo- que el coronavirus no les infectara. No fue así.

A fines de abril y la primera quincena de mayo, los informales salieron y desbordaron la cuarentena. Se la jugaron. El principal escenario de ese desbande fueron los mercados y las calles, los trabajadores independientes y ambulantes. Se la jugaron.

Hay otros sectores que desbordaron la cuarentena: las combis, los mototaxistas, los taxistas-colectiveros, los estibadores, etc. La mayoría de los varados y migrantes que retornaron -y siguen retornando- a sus regiones de origen forman parte de estos.

Este desbande refleja otros problemas estructurales: pobreza, desempleo, marginación, racismo y diversas formas de violencia. Y otros que son producto de la informalidad, como lo que se llamó la cultura combi, una subcultura popular.

¿En qué consiste la cultura combi? En no respetar ni hacer respetar las leyes o normas, el soborno a las autoridades, etc..O sea, en hacer lo que quieran. Una parte importante de venezolanos se han sumado a esa subcultura popular

¿Qué es sino organizar una fiesta infantil con decenas de invitados? ¿O un campeonato de futbol Covid en Iquitos, en Loreto, la región amazónica con el mayor número de muertos? ¿O los enfrentamientos entre fiscalizadores y ambulantes?

Eso es la cultura combi, matizada por la reaparición de las diversas formas de violencia (femenicidio, ajustes de cuentas, violencia sexual, etc.), Esa es una parte del Perú informal que se ha expresado en este desborde de la cuarentena.

Obviamente, al desbordar la cuarentena los informales no solo provocaron desorden y transgresión sino que se convirtieron en focos de propagación del Covid-19. El resultado: dispararon los infectados y muertes en Lima y varias regiones del norte y la amazonia.

Ese dato de la realidad no ha sido entendido por el presidente Vizcarra. O, simplemente, no quiere asumir que el estado de emergencia y la cuarentena que su gobierno que decreto y amplio ha sido sobrepasado por los informales.

En ese terreno hay que ubicar la responsabilidad política de su gobierno. Los bonos no llegaron a los informales que son los más pobres y trabajadores independientes. Lo mismo paso, en menor medida, con las bolsas de alimentos.

En el primero, al no llegar a quienes debía llegar, revela que las datas de los entes estatales más la ineptitud de los funcionarios, no captan a los informales pobres y excluidos. Y que el Banco de la Nación es un entre paquidérmico que no cubre el país.

De esa manera, promovió enormes aglomeraciones y quejas de quienes no pudieron cobrar o, quienes siendo informales pobres extremos, no aparecían como beneficiarios. Eso mismo se está viendo en el bono universal. No se corrigen las fallas.

El segundo, la entrega de las bolsas alimentarias, mostró el alto grado de corrupción que existe en las municipalidades distritales. Los negociados fueron groseros. Al igual que en la policía, los gobiernos regionales, los hospitales.

En suma, un Estado que no funciona, en crisis, incapaz de encarar la emergencia sanitaria y garantizar una cuarentena que en los hechos ya fue. ¿Seguirá la cuarentena hasta el 30 de junio, como ha anunciado Vizcarra? Imposible.

Lo que se viene es una "cuarentena" con cambios que seguirá y profundizará lo que ya viene ocurriendo. Los que sí continuaran la cuarentena serán algunos sectores de las clases medias y las poblaciones indígenas que han ingresado en autoaislamiento.

Ni la gran cantidad de infectados detectados en los mercados disuadirá a los comerciantes, ambulantes y trabajadores independientes en salir y formar aglomeraciones. Al Perú informal no se puede encapsular en una cuarentena que el Estado no es capaz de sostener.


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