Opiniones

Cuando nuestra voluntad y fe cambia nuestro destino. La historia del niño que domó el viento.

Escribe Armando Avalos.- William tenía 14 años y como todas las noches, sus padres le sirvieron la única comida del día, tres bocados de maíz. Su humilde casa no tenía luz ni servicios básicos y su pueblo en Malaui padecía una terrible hambruna que había provocado la muerte de muchos de sus vecinos. Había tenido que dejar el colegio porque sus padres no tenían para pagar la matrícula. Una mañana se levantó y miró el campo de cultivo de su padre abandonado por la sequía. La tristeza y miseria lo rodeaba y sus ojos se llenaron de furia. El pequeño dijo algo que cambió su vida y salvó a toda su comunidad. ¡No lo acepto!

Se las ingenió para escabullirse en el colegio y leer a escondidas los libros de la biblioteca de la escuela. Ahí descubrió un libro sobre cómo generar energía que lo apasionó. Con cosas que consiguió de un basurero, como un ventilador de un tractor, un amortiguador, tubos de PVC, un cuadro de bicicleta, un dínamo y palos de bambú construyó un molino de viento e hizo el milagro de extraer agua del subsuelo y generó energía eléctrica.

El molino de viento que fabricó William Kamkwamba cambió la vida no solo de su familia sino de todos sus vecinos que pudieron sobrevivir a la hambruna y progresar. Su ejemplo se ha convertido en una inspiración y demuestra que cualquier dificultad que tengamos en la vida la podemos superar si tenemos una voluntad inquebrantable, usemos nuestro ingenio y no perdamos nunca la fe.

Hay muchos, que a veces se quejan de su suerte porque no llegan a comprender que nosotros mismos construimos nuestra suerte con los actos que hagamos. Hay quienes se lamentan de no tener dinero o no haber logrado algo, pero como demostró William para alcanzar un objetivo, primero, hay que tener el valor de luchar por ello.

Cuando William le dijo a sus padres y vecinos que podrían solucionar sus problemas con un molino de viento le dijeron que estaba loco. Que en vez de leer libros se dedicara a cultivar maíz como todos y al menos tendrían algo que comer. El mundo a avanzado gracias a personas como William que han pensado diferente. Guy Kawasaki dijo una vez que la dificultad se basa no en las ideas nuevas, sino en escaparse de las viejas ideas.

En una charla que William Kamkwamba dio en Tanzania para la trasnacional TED, contaba con humildad que la necesidad agudizó su ingenio. Que el hambre lo llevó a buscar una solución al problema que aquejaba a los que más amaba. Y en medio de los aplausos del público les dijo a todos los pobres del mundo: “Ser pobre no debe impedirnos soñar y luchar por nuestros sueños. Confíen en ustedes y crean con todo el corazón que lo pueden hacer. No importa lo que pase, no se rindan”.

El éxito que tuvo sus molinos de viento impulsó a William a escribir su libro “El niño que domó el viento”, el cual ha sido llevada a la televisión. Instituciones diversas lo apoyaron a concluir sus estudios y a propulsar sus proyectos de luz y agua para los más pobres. La Revista TIME lo nombró como una de las “30 personas menores de 30 años que cambiaron el mundo”.

En su villa, el fracaso era una moneda de uso diario.  Cuando le prohibieron entrar a clases por ser pobre, ingresaba clandestinamente a la biblioteca y “leía” los libros pese a no saber casi inglés. ¿Cómo lo hacía? Miraba los dibujos de los libros, fotos y gráficos mientras relacionaba las palabras que aparecían al pie de las imágenes con éstas. Así “tenía una noción” de lo que significaba. En uno de esos libros encontró el conocimiento para cambiar su historia.  El título decía” “Energy” y la imagen mostraba cuatro molinos.

William leyó que un molino de viento podía bombear agua y generar electricidad. Asoció bombear agua con el riego y al riego con la posibilidad de comer. Y lo demás fue perseverancia y fe en sí mismo.

Su padre no creía en su idea y temía que su fracaso fuera la burla del pueblo. Después de varios intentos fallidos, William logró construir su molino de viento y por fin alguien en su pueblo había demostrado que el fracaso no es un destino.

Wendy Ramos dice que una de las cosas más valiosas que podemos enseñar a nuestros hijos es saber fracasar.

“La vida también está hecha de fracasos, los tenemos subvalorados. ¡Los fracasos son un éxito! Son los que te hacen cambiar de rumbo, los que te fuerzan a buscar nuevos caminos. Las mejores cosas de mi vida salieron de los grandes desastres. Siempre termino agradeciendo a mis fallas, mis fracasos y mis imperfecciones por todo lo que voy logrando”.

La épica historia de William Kamkwamba, el agricultor que sin saber leer y sin dinero, se convirtió en inventor y salvó a su pueblo de la hambruna. Es el ejemplo que el ser humano puede hacer grandes cosas si tiene la voluntad de hacerlo. Como dijo Ghandi, “Tú vida es tu mensaje” y por supuesto tu gran obra.

 William Kamkwamba, el agricultor considerado uno de los 30 jóvenes que cambiaron el mundo.


Comentarios


Suscríbete a nuestro Newsletter

Recibe nuestro Newsletter diariamente registrándote con tu email y mantente informado con las noticias más relevantes del día.

Suscribirme



También te puede interesar


Mas articulos

Sigue transmision gu db1ca652
Vision b91d938c

Gubanner2 b3d7e6eb

Vocacion 6ec01671Familia e0a9160dPunto ec62ee0fPagina c29a18dbRegional a20152bcJne fe996a39Escape 42989b8bSaludable 5fa274c9

Caminos 9661de73

Chela2 b2b72599



Gaceta Ucayalina Radio - Música y Noticias
0:000:00