Opiniones

Cuando la cámara se apaga. Los ángeles que ahora nos graban desde el Cielo

Escribe Armando Avalos.- En una vereda que da a uno de los pabellones del hospital de Essalud de Iquitos, el camarógrafo de Tv Perú, Manuel Sánchez Cobos agonizaba víctima del coronavirus. Su esposa Loty Rimachi y dos de sus hijos le pedían que siga luchando, pero su cuerpo ya no pudo más. Sus ojos se llenaron de nostalgia y le dijo a su esposa que estaba listo para partir y sabía que su tiempo en esta tierra ya estaba definida. Su esposa en medio de lágrimas lo cogió de las manos y comenzó a orar.

Rezó con mucha fe y esperando un milagro. Cuando terminó de orar, miró a los ojos de su esposo, y comprendió recién que ya no lo volvería a ver. Manuel Sánchez Cobos respiró profundo como para sacar las últimas fuerzas que tenía. Dijo “Amén” y luego su rostro se llenó de paz.

Cuando Loty abrazó a sus hijos al pie de la camilla donde yacía su compañero, se le vino a la mente la canción que su esposo, le dedicó cuando se enamoraron. Cuando él era su fan número 1 en el programa de radio que ella tenía y él con una enorme sonrisa le pedía el tema Vas a ser mi compañera de Raúl Vásquez.

Cuando estaban en casa, él, la abrazaba y le cantaba un pedacito de la canción que decía: “Por el mundo de alegrías que en tus manos suelo hallar, porque aprendí a tu lado a conjugar el verbo amar. Por eso vas a ser mi compañera. Para compartir mi pan, mi camino, mi ideal y mi llegar. Vas a ser mi compañera. No me puedo equivocar, tú serás con quien el día deba verme despertar”.

Manuel Sánchez Cobos trabajó los últimos 30 años de su carrera en TV Perú. Sobrevivió a peligrosas coberturas y a la época del terrorismo, pero no pudo vencer a un enemigo invisible como el Covid-19. Cuando llegó al hospital, no le dieron cama y no había manos para que lo atiendan. Sus hijos y su esposa se convirtieron en sus enfermeros. Aterrados vieron morir en los últimos días a otros pacientes que los rodeaban. Hasta que la ruleta de la muerte les tocó.

Loty Rimachi  escribió en su facebook este adiós a su esposo: Con todo el dolor de mi corazón, se fue el hombre que amaré por siempre. Hasta vernos con el rey, mi amor eterno, acepto la voluntad del Padre Celestial y le agradezco por haberme dado un hombre digno, noble, servicial y caritativo. Un esposo ejemplar, buen trabajador y gran líder de la iglesia. Era todo para mí. Estuve con él hasta el último suspiro. Me pidió que no llore pero lloré y sigo llorando. Hasta pronto mi amor”.

Conocí a Manuel Sánchez Cobos en mis muchas coberturas y viajes a Iquitos. Era un gran ser humano y su partida enlutó a todos los que amamos el periodismo. Cuando no terminaba de asimilar su pérdida, como muchos periodistas la muerte de otro gran amigo, maestro y compañero de las cámaras, nos golpeó el corazón. Su sonrisa, nobleza y calidad de persona, es lo que todos extrañaremos de Mario Bucana, legendario camarógrafo de Panamericana Televisión.

Creo que su vida se puede sintetizar en el siguiente poema de David Harkins:

Puedes llorar porque sea ido, o puedes sonreír porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado.

Tu corazón puede estar vacío porque no lo puedes ver, o puedes estar lleno del amor que compartiste.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda, o puedes hacer lo que a él le gustaría: Sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.

La grandeza de Mario Bucana se mide por el gran vacío que ha dejado en el corazón de la prensa nacional. Su inseparable cámara debe resistirse a salir sin él. Como esperando que el maestro llegue para darle vida con sus imágenes y el amor que le ponía a su trabajo.

Un amor y pasión que contagió a los que más ama, como a su hija Marylin quien también sigue  sus pasos en el canal donde lloró, luchó y entregó su corazón.

En la última entrevista que le hicieron, le preguntaron cuál era su sueño y él dijo que deseaba poder trabajar 10 años más en el canal que fue parte de su vida.  A Mario Bucana, le decían “cholito” de cariño, “tiki tiki” porque siempre se preocupaba por tener la mejor toma o simplemente “maestro bucanita”.

Mario Bucana partió a su última comisión. Se convirtió en un ángel y desde el cielo nos mira con su imborrable sonrisa. La pandemia nos arrebató la posibilidad de despedirnos de él. Se llevó a un guerrero que con sus actos, dejó a los jóvenes una lección de amor por su profesión. Mario Bucana en Lima y Manuel Sánchez Cobos en Iquitos, fueron sepultados el mismo día. Loty Rimachi mientras sepultaban a su esposo, le cantó una canción religiosa, aquella que ambos entonaban en la iglesia donde iban juntos y donde él le juró amor eterno.

Mario Bucana, recibió el último adiós de aquellos que más amó en la vida. Su familia. Para quienes no solo es un mártir, sino un padre, un hijo y un amigo que seguirá viviendo mientras no lo olvidemos.


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