Opiniones

¿Los animales tienen conciencia y emociones? Lo que nos dice la ciencia y el corazón de nuestras mascotas

Escribe Armando Avalos Espichán.- Un día mi padre llegó a mi casa con un perro negro al cual dio el nombre de Argo. Inquieto, travieso, juguetón y curioso a mas no poder. Una “ladilla” como lo calificaba mi vecino. En una oportunidad al llegar del canal, me di con la ingrata sorpresa que Argo, había ingresado a un estanque de peces que tengo y sacó de un mordisco el tapón que contenía el agua y mató a casi ¡30 de mis peces! Soy sincero, nuestra relación con Argo comenzó con la “pata” izquierda.

A los pocos días, salí apurado al trabajo y Argo me trajo una pelota y quería jugar. Miré a este perro “pecicida” y patié molesto la pelota. Argo corrió tras la pelota, me la volvió a traer moviendo la cola y me miró contento. Lo miré a los ojos y su mirada transmitía mucha nobleza.

Le dije: ¡Hay Argos! Patié la pelota y sin darme cuenta habíamos comenzado jugar juntos. De ahí se hizo una costumbre que cada vez que llegaba a casa, Argo me recibiera emocionado y traía siempre su pelota para compartir conmigo. Perdoné a Argos por su matanza acuática y desde ahí somos buenos amigos.

Ahora luce imponente, grande y fuerte, pero tiene aún alma de cachorro. Hace unos meses salió de casa y un hombre lo atacó con un machete y le hizo horribles cortes en la cabeza y la pata. Lo curamos y cuando estaba aún convaleciente, lo acariciaba y me comenzó a lamer la mano. Esa tarde, sentí que me agradecía sin palabras. Y fue ahí que me hice la pregunta, ¿tendrán los animales alma? ¿Tendrán conciencia y sentimientos como los humanos? La respuesta parece obvia para quienes aman los animales. ¿Pero que dice la ciencia?

LA MENTE DE NUESTRAS MASCOTAS

El 7 de julio del 2012, expertos mundiales en neurobiología y científicos cognitivos se reunieron en la Universidad de Cambridge en Inglaterra para dilucidar una pregunta que se han hecho los humanos desde que domesticaron a los animales. ¿Tienen nuestras mascotas conciencia y sentimientos en realidad?

Las mentes más encumbradas de la humanidad concluyeron en una Declaración que existen suficientes evidencias que los animales no humanos, es decir, nuestros perros, gatos, cerditos, palomas, etc. “tienen sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de estados conscientes junto con la capacidad de exhibir comportamientos intencionales”.

Agrega en tal sentido, que los humanos no son los únicos en el planeta Tierra que tienen la base biológica para “generar” conciencia.

Es decir, a la luz de la ciencia, la mente de los animales tendría la capacidad al igual que la del Hombre de sentir, dolor, placer, ira y amor. Experiencias mentales subjetivas que solo la consciencia modula en esa maravillosa creación de la naturaleza.

Por eso, cuando tenga una mascota, no piense en ella como un objeto, sino como un ser que al igual que usted siente miedo, ira y amor. Que da amor y espera recibir también de usted lo mismo.

LOS MONITOS QUE QUERIAN A SU MAMÁ

Un caso muy conmovedor de la búsqueda de amor de los animales, lo encontró en un experimento el científico norteamericano Harry Harlow cuyos métodos actualmente serían denunciables por la crueldad con la que se trató a los monitos pero que grafica el tema que abordamos.

Harlow al nacer separó a crías de monos Rhesus de sus madres. Luego les puso en vez de sus mamás reales a maniquís. Una madre estaba hecha de alambre y tenía un biberón con leche. La otra madre sustituta (maniquí) estaba hecha de madera cubierta con una tela, lo que la asemejaba a su verdadera madre, pero no tenía biberón.

Los monitos para sorpresa del científico, prefirieron a la madre de madera y tela que no tenía leche que a la mamá de alambre con el biberón. Preferían el “calor” de mamá, eran atraídos por aquel maniquí que le recordaba más a su madre verdadera. Preferían el hambre a la frialdad de una madre de metal.

Lamentablemente investigaciones posteriores a los monos huérfanos de Harry Harlow demostraron que crecieron perturbados emocionalmente. Si bien recibieron alimento y crecieron, la falta del amor y el calor verdadero de una madre los marcó negativamente.

Hoy la ciencia concluye que el hombre y sus mascotas tienen más en común de lo que muchos habían creído hace tiempo. Una conclusión que muchos al convivir con sus mascotas ya lo habían sentido. Ellos no hablarán, pero saben acompañarnos en nuestro silencio, convierten muchas veces nuestras vidas en poemas, se convierten en amigos, en compañeros y solo nos piden un poco de amor.

El experimento del científico Harry Harlow demostró en monitos, que para los animales más importante que el alimento es el amor de mamá.


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