Opiniones

El miedo, el mejor aliado de la Pandemia

Escribe Armando Avalos.- En una oportunidad un grupo de médicos norteamericanos viajaron a África para atender gratuitamente a pobladores pobres. Al llegar a una tribu, encontraron que ahí cuando alguien se sentía mal, iba al brujo o chamán local que los “curaba” de todos sus males y si no podía, entendían que los “Dioses” habían decretado la muerte del sujeto o quizá era víctima de una brujería muy fuerte de la que nadie lo podría salvar.

Los médicos comenzaron a tratar y curar a la gente de la tribu con antibióticos y tratamientos variados y pasó lo que era predecible. La gente comenzó a llegar en grandes cantidades al ver que esos personajes de mandil podían sanarlos.

Pero en ese momento, el brujo receloso por la situación, llegó al hospital de campaña con un atuendo aterrador y comenzó a maldecir a los médicos. Los pobladores se asustaron y el brujo en ese momento, miró al lugareño que tenía más pavor y le “profetizó” que en una semana moriría. Le hizo un “maleficio” con su bastón y unas palabras indescifrables y se marchó.

Los médicos pidieron calma a los pobladores, pero el hombre al que el brujo le hizo el “hechizo” se fue aterrado a su casa. A los pocos días, un familiar de aquel hombre llegó donde los doctores para pedirles que lo ayuden porque se estaba muriendo.

Los médicos llegaron a su humilde casa, pero por más medicamentos, inyecciones y tratamientos que le aplicaban no podían hacerle bajar la fiebre. Uno de los galenos comprendió inmediatamente la situación y dijo que el poblador se estaba muriendo literalmente de miedo.

¿Qué había sucedido? El brujo había utilizado el poder de la sugestión. Al hacerle un “hechizo” al pobre hombre, éste se aterró y comenzó su cuerpo a segregar mucha adrenalina, la hormona que se activa cuando estamos amenazados. Sea una amenaza real o imaginaria.

Cuando emitimos mucha adrenalina, se incrementa nuestra frecuencia cardíaca, se contraen los vasos sanguíneos, se dilata nuestras vías aéreas, es decir, todo nuestro cuerpo se prepara para luchar o huir. Eso es normal. Pero ¿Qué pasa cuando se emite adrenalina durante horas, días o semanas? Simplemente nuestro cuerpo colapsa y puede llevarnos a la muerte.

Los médicos comprendieron que el hombre “embrujado” estaba tan sugestionado que ningún medicamento lo curaría porque era su mente lo que estaba infectada con el miedo.

A pesar de saber que todo partía de la sugestión, los médicos acompañados por la policía, pidieron al brujo que le “retirara” el “hechizo” al hombre. El brujo accedió. Cuando fue a la casa de la víctima  y “retiró el maleficio”, el poblador comenzó a recuperarse y se salvó.

Esta anécdota que me contó un profesor cuando estudiaba psicología en la Universidad, grafica el enorme poder de la sugestión y el temor. El temor crónico baja nuestras defensas biológicas. Y con un sistema inmunológico débil, somos más vulnerables a las enfermedades como el coronavirus que actualmente azota a la humanidad.

La pandemia no es una amenaza ficticia ni está en nuestras mentes sino muy real. Pero al igual que el poblador que vivía aterrado por lo que “podría pasarle”, igual millones de personas sufren de un “miedo crónico” por culpa de la pandemia.

Un temor que se retroalimenta todo el día, al consumir horas y horas de información por la televisión y las redes sociales sobre muertes, infectados y casos dramáticos que está sucediendo a nuestros vecinos, amigos o conocidos.

Alguno dirá ¡¿cómo puedo estar tranquilo con tanta crisis?! Y yo les diría que la crisis no es para estar tranquilo ni despreocupado, pero el vivir en psicosis, en permanente miedo de lo que nos puede pasar, es el mejor aliado de la enfermedad, porque encontrará cobijo en un cuerpo donde la adrenalina que fue liberada por la cuarentena, está haciendo sus estragos paulatinamente.

Es un hecho comprobado científicamente que el estrés permanente debilita nuestro sistema inmunológico y si vivimos en permanente miedo a enfermarnos, paradójicamente estamos más predispuestos y con menos armas para defendernos cuando esto eventualmente pueda ocurrir.

La recomendación cae por su propio peso. Preocúpese, pero no se inmovilice por el temor. Busque información confiable y oficial sobre la enfermedad, evite sobre informarse del tema, transmita tranquilidad a sus seres queridos, aunque le cueste (el objetivo vale la pena), cumpla rigurosamente las recomendaciones sanitarias que ésa será su mejor arma contra el virus y haga actividades que despejen su mente y su corazón. No viva cautivo del temor, no es bueno para su salud ni para su alma.

Y lo dejo con dos pensamientos que creo son coherentes con el mensaje que les deseo transmitir. El primero de Tito Livio cuando dice que “el miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son” y la otra de Buda Gautama quien dijo sabiamente que “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”.


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