Armando Avalos Espichán

El taxista que busca un amor verdadero

Escrito para Johnnatan y aquellos que aún creen en el amor de pareja.

Escribe Armando Avalos.- Eran las 6.30 de la tarde en San Borja, el aplicativo Beat me decía que un taxista de nombre Jhonnatan que manejaba un auto Hyundai me iba a recoger para llevarme a Surquillo donde tenía una reunión. Al llegar el taxi, Jhonnatan me recibió con una cordial sonrisa.  El usa lentes, es delgado, tiene unos 25 años y es muy observador. Al ver el anillo que llevo en mi dedo anular me dijo: ¡a es casado! Y yo le dije: “Tú debes ser soltero, no tienes anillo, ni fotos de tu familia en tu auto”. Y ahí comencé un viaje paralelo a mi reunión y a la vida de este joven taxista, con unas desesperadas ansias de recibir afecto y que lo ha llevado como muchas personas, a aceptar incluso el desprecio de su pareja, con tal de recibir un poco de “amor”.

Aprovechando un semáforo en rojo, Johnnatan me preguntó, ¿no se arrepiente de estar casado? Me sonreí y le dije que no, que era lo mejor que me había pasado en la vida. Un silencio de unos segundos, hizo que el joven taxista se desahogara y me dijera que nada de lo que hacía, lograba que su pareja mostrara mayor interés por él.

Me contó que “para alegrarla” había dejado de trabajar un día para pintarle su cuarto y luego de una larga faena, su enamorada le agradeció con una simple frase y se fue.

Le expliqué a Johnnatan que uno cuando ama a alguien no tiene que hacer cosas todo el tiempo para “ganarse” su aprobación, porque amar es dar y los dos tienen que dar. Cuando uno solo da, la cosa no funciona. Luego le dije que su conducta me demostraba que era una persona que busca amor, pero sin importarle el precio y por eso, lo primero que tenía que hacer era amarse a él mismo.

Asentó con la cabeza mientras miraba fijamente la ruta y sus ojos se entristecieron. En ese momento le dije que Dios nos pone en el camino a personas que a veces nos dicen cosas que no nos gusta, pero que necesitamos escuchar. El encontrarnos en ese “carrera” fue una decisión de Dios, le dije.

Johnnatan pasó un poco de saliva y luego me dijo, que en el fondo él sabía que tenía que dejar a esa pareja, pero que “tenía mucho tiempo con ella” y le preocupaba lo qué iba a pensar su familia de su fracaso amoroso.

Traté de no juzgarlo y solo le dije: “¿Prefieres vivir esclavo con una persona que no te ama?”.

Los cláxones y el ruido de los motores de los autos que pasaban al lado nuestro, parecían haberse silenciado unos instantes. Esperaba su respuesta cuando en ese momento un niño arrojo un poco de espuma en el vidrio y gritó ¡Le limpio la luna! Johnnatan accedió, creo, buscando más tiempo para tener tiempo de meditar.

LA INFIDELIDAD QUE ME LLEVO AL SER AMADO

Cómo no respondía rompí el hielo contándole cómo una infidelidad que sufrí me llevó luego a encontrar al amor de mi vida.

Le conté a Johnnatan que cuando era estudiante universitario, una joven ayacuchana me conquistó con su belleza y actitud, pero luego de unos meses de relación me pidió casarnos, en un intento de dejar su casa. Mi negativa, motivó que la chica luego, me engañara con otro hombre. Al descubrirla la dejé y nunca más volví a hablarle.

Johnnatan me escuchaba atentamente e incluso un chofer le gritó ¡muevete pe huevón! Al ver que pasaba lentamente por un cruce. Le seguí narrando que esa infidelidad me dolió mucho, pero luego “decidí” no tener ninguna relación con nadie hasta que sanara mi corazón. Luego de 6 meses de estar solo, una noche vi a la joven ayacuchana y al mirarla no sentí nada. Me alegré y esa noche decidí abrir mi corazón porque ya me sentía “sano”.

Unos meses después, le contaba a Johnnatan, conocí a una joven de tez blanca, cabellos castaños, de hermosos ojos y de noble corazón. Nos enamoramos y nos casamos y tenemos ya 29 años de enamorados y 3 hijos.

Le dije a Jhonnatan que el amarme a mí mismo y el usar la inteligencia emocional me permitió tener la mente y el corazón sano para descubrir el verdadero amor. Que esa infidelidad, me demostró que la vida te da siempre mejores oportunidades, pero depende de uno reconocerlas y aprovecharlas.

En ese momento, Johnnatan me dijo tener las cosas más claras y con un poco de vergüenza, me confesó que su enamorada siempre lo insultaba. Le pregunté qué insultos le dice y Johnnatan bajando un poco la cabeza me dijo: “me dice que soy un tonto y un bueno para nada”.

Faltaban solo unas cuadras para que llegara a mi destino y le expliqué a Johnnatan que los psicólogos han establecido que cuando una pareja te ofende y busca menoscabar tu amor propio, es un signo que no nos ama y que esa relación hagamos lo que hagamos no funcionará.

En ese momento el Google maps dijo por el altavoz “¡Usted ha llegado a su destino!” y ello nos indicaba a Johnnatan y a mí que el viaje con característica de sesión de terapia había terminado. Le pagué los 18 soles de la carrera a Johnnatan quien me dio la mano muy fuerte y por primera vez en los 34 minutos que nos conocíamos lo veía sonreír.

¡Señor entonces la dejo! Me dijo con una picara sonrisa. Respiré profundó, cerré la puerta y por la ventana antes de cruzar a mi reunión, le dije: ¡Mándala a la mierda y se feliz, tú te lo mereces!


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