Armando Avalos Espichán

La suerte comienza en la mente y se mantiene con actitud

Escribe Armando Avalos.- Cuando era reportero del noticiero 90 Segundos, un día estaba cubriendo un asesinato en Los Olivos y tenía casi todas las imágenes y relatos para contar la noticia. En ese momento, me contaron que estaba por llegar al lugar de los hechos un testigo clave del crimen. Emocionado por tener la primicia, le dije a mi camarógrafo y a mi chofer, que debíamos esperar. En ese momento, el chofer me dijo: ¡Porque trabajas tanto, tranquilo ya tienes suficiente! Luego añadió: ¡Además yo gano menos que tú, el día que gane como tú, trabajaré como tú!

No podía creer la ignorancia de ese hombre. Ordené que nos quedábamos y a regañadientes el chofer tuvo que aceptarlo. Luego cogió de la guantera de la camioneta del canal, un boleto de una lotería que había comprado y sentenció: ¡Todas las semanas compro la tinka y sé que un día me ganaré el premio mayor y voy a renunciar a este trabajo y darme la gran vida, ya verás! Me dijo y me dio la espalda.

Ese chofer jamás ganó como yo, porque jamás se comprometió en su trabajo y solo era un “cumplidor” en sus labores. Y jamás se ganó la lotería y lo último que supe de él, fue que lo despidieron y seguía comprando cada semana su boleto de la lotería a la espera de su gran “golpe de suerte”.

La lección que me dejó este hecho que viví es que uno siempre tiene que dar más de lo que nos piden y no “esperar” la suerte. La suerte hay que buscarla y soy un convencido que la suerte nace en la mente y se mantiene con la actitud.

El psicólogo Ken Robinson afirma en ese sentido que el estudio y la experiencia demuestran que a menudo la gente afortunada provoca su suerte con su actitud.

En su libro “Nadie nace con suerte”, el primer estudio científico que enseña a atraer y aprovechar la buena fortuna, el psicólogo Richard Wiseman estudio durante años a 400 personas excepcionalmente “afortunadas” y otras muy “desgraciadas”.

Descubrió que aquellas que consideraban que tenían “buena suerte” eran propensas a presentar actitudes y comportamientos parecidos. Sus homólogas con “mala suerte” tendían a mostrar rasgos opuestos.

EXPERIMENTO EN LA CAFETERIA

El doctor Wiseman llevó a cabo un extraordinario experimento para graficar la percepción de la suerte y como en realidad “este don bendito” en realidad comienza con nuestra forma de ver el mundo.

Acondicionó un café donde todos los comensales, mozos y dueños, eran en realidad actores a quienes se les dio la orden de comportarse como la gente suele hacerlo en estos establecimientos, ósea charlar como amigos, leer sus periódicos y todo lo más natural posible.

En la acera, cerca de la puerta del café se puso en el piso, en el lugar muy visible un billete de 5 libras esterlinas.

Entonces se pidió a un voluntario “suertudo” (que se catalogaba él mismo así) que fuera al café. La persona afortunada cuando iba a ingresar al local, vio el billete en el suelo, lo recogió, entró en la cafetería y pidió un café parta él y para el desconocido que estaba en la silla de al lado.

Ambos charlaron muy animadamente y acabaron intercambiándose teléfonos y quedaron en otro día ir a jugar futbol. A continuación, el doctor Wiseman envió al café a uno de sus voluntarios “sin suerte” (un joven medio pesimista).

Este sujeto “mala suerte” pasó justo por encima del billete de cinco libras y no lo vio. Pidió un café y no interactuó con nadie. Mas tarde, Wiseman preguntó a los dos individuos si les había ocurrido algo bueno aquel día. El sujeto afortunado le explicó que había encontrado dinero y había conocido a un nuevo amigo. Al sujeto sin suerte no se le ocurrió nada bueno que explicar.

Como conclusión de este experimento, podríamos decir que, durante nuestro paso por la tierra, habrá infinidad de oportunidades que se nos presentará como el billete tirado en el piso, pero es nuestra actitud lo que nos hará “verlo” y generar un círculo virtuoso alrededor de nosotros. A eso muchos suelen llamar, “suerte”.

Wiseman ha identificado cuatro principios que caracterizan a las personas afortunadas. La primera, son personas que tienden a maximizar las oportunidades. Son expertas en crear, fijarse y actuar de acuerdo con esas oportunidades cuando surgen. Segundo, suelen ser muy efectivas a la hora de prestar atención a su intuición y de realizar trabajos (como la meditación) concebidos para estimular sus habilidades intuitivas. El tercer principio es que las personas con suerte esperan serlo, crean una serie de profecías de autorrealización porque se internan en el mundo previendo un resultado positivo. Por último, la actitud de las personas afortunadas les permite convertir la mala suerte en buena. No consienten que la mala suerte las doblegue, y se mueven con rapidez para tomar el control de la situación cuando la cosa nos les va bien.

Mi reflexión sería que no busquen la buena suerte poniéndose un calzón amarillo, comiendo 12 uvas o con diversos rituales, busquen la buena suerte en su mente. En su forma de ver el mundo. En su voluntad y su actitud frente a las cosas. Si cree que es afortunado y nunca se deja vencer por los fracasos, es un hombre que le lloverá la suerte.

Como decía el argentino Bernardo Stamateas, los hombres que construyen el futuro son los que saben que las cosas más grandes todavía no han sucedido y que ellos mismos harán que sucedan.


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