Armando Avalos Espichán

Recordar no es volver a vivir, ¡Es Revivir!

Escribe Armando Avalos.- El otro día mi esposa arreglaba nuestra habitación y abrió el último cajón de una cómoda donde tenemos guardados los álbumes de fotografías, recordatorio de una época donde nada era digital. La vi suspirar al ver las fotos de nuestros hijos pequeños, las fotos de nuestro matrimonio y cuando éramos enamorados. Me acerqué y al verla conmovida, “actué” como cuando recién nos conocimos y tras decirle mi nombre, le pregunté el suyo, le tendía la mano y le pregunté si aceptaba bailar conmigo.

Sus ojos le brillaron con mas intensidad y por unos segundos “sentimos” que éramos nuevamente esos jóvenes cortejándonos. Luego en medio de bromas y anécdotas nos quedamos toda la noche conversando y mirando las fotografías.

El recordar las cosas bonitas y buenas que nos pasa en la vida, no solo es algo positivo sino la ciencia está demostrando que es bueno para nuestra salud mental y física. Lo malo, es quedarse en lo que uno vivió y estancarse en el pasado y no disfrutar el día a día.

Si no disfrutara el “ahora” de estar casado, al mirar las fotos del pasado posiblemente terminaría entristecido y nostálgico. Y me animé a escribir sobre la fuerza increíble del recuerdo al conocer una noble y extraordinaria investigación que realizó la psicóloga Ellen Langer de la Universidad de Harvard.

Ella llevó a un grupo de ancianos de 70 y 80 años, que sufrían ya de los achaques propios de su avanzada edad, a un monasterio en New Hampshiere en Nueva Inglaterra.

Los viejitos ingresaron a un salón previamente adaptado para el experimento. Cuando cruzaron la puerta, había un letrero luminoso que decía “1959”. En una radio antigua se escuchaba las melodías de Nat King Cole y Perry. Las sillas de madera y la barra con los licores y gaseosas de esa época se lucían en los estantes, las personas que atendían usaban las ropas de los años 50. En una esquina un televisor en blanco y negro emitía programas de variedades populares luego de la segunda guerra Mundial. A los ancianos se les animó a hablar “como si estuvieran” en 1959. Todos conmovidos por el escenario donde los habían llevado comenzaron a “actuar” e interpretar sus propios papeles de jóvenes. Conversaban animadamente y bailaban la música y por unas horas parecían haber congelado al menos en sus mentes, el tiempo.

Una semana después se llevó a otro grupo de ancianos al mismo local, pero esta vez a los viejitos no se les animó a “actuar” como cuando eran jóvenes sino sólo a hablar de “sus buenos tiempos”.

Médicos evaluaron a los dos grupos de ancianos antes, durante y después del experimento, tanto en sus muestras vitales, su visión, su audición, la memoria y la flexibilidad.

La doctora Ellen Lander mostró los resultados de su experimento para sorpresa de la comunidad científica.

Halló que los dos grupos de viejitos, tanto aquellos que solo recordaron “sus buenos tiempos” como aquellos que “actuaron como cuando eran jóvenes” mejoraron su postura al caminar, luciendo mas animados, mejoraron su audición y visión y físicamente se mostraban mas agiles y flexibles. Incluso obtuvieron mejores resultados en el test de inteligencia.

Pero aquí lo sorprendente, es que aquellos que “volvieron a sentirse como en el año 1959” tuvieron mejoras en todos los campos mucho más profundas y duraderas.

La conclusión de Lange fue que los ancianos habían “situado su mente en un tiempo anterior, y sus recuerdos se apuntaron al viaje”.

Según Lange, para mejorar la salud, las personas necesitan una “sacudida” o un catalizador, que embauque a sus propias mentes y cuerpos para que se curen a sí mismos.

Pero, sobre todo, muestra creo, la fuerza y el poder que tenemos como seres humanos para orientar nuestros recuerdos y convertirlos en un elemento que nos motive y nos haga “sentir” siempre jóvenes.

Jean Paul Sartre dijo una vez que el recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados. El recuerdo es un regalo de la memoria para el alma. Es la llave para retroceder el tiempo y el pasaje que necesita nuestra mente para regresar a esos lugares maravillosos que nos alegran el corazón. No tenga temor de recordar y utilizarlo para “revivir” los años maravillosos. Se lo agradecerá su mente y su cuerpo. Pero, sobre todo, viva con intensidad para que el “ahora” sea en un tiempo también un lindo recuerdo.


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