Armando Avalos Espichán

Reímos 30% menos que nuestros antepasados. No es broma, ría

Si bien el trabajo es un tema serio. Siempre debe ver momentos de distención. Entrevistando con un súper micrófono.

Escribe Armando Avalos.- El otro día estaba en una combi sentado al costado de una señora talla XL. En realidad iba muy apretado y durante el viaje vi como la mujer sacó de su bolso dos papitas fritas, un Tortis y una caramanduca para comerlo con mucha pasión. En eso, una señora de unos 50 años que iba detrás mío, comenzó a gritar ¡bajan! ¡bajan! Mientras se paraba y se agarraba como podía. El cobrador, que parecía nunca haberse peinado y tenía una camisa que seguro no aceptarían en ninguna lavandería, dijo una frase que dejó helada a la mujer. ¡Lucho, cuádrate baja la tía!.

Ni el tinte, ni la dieta, ni los elogios que seguro algún vecino le dijo a esa mujer a su salida de su casa le valió al cobrador que insistió: ¡Tía, con pie derecho, baja!.

La mujer golpeada en su amor propio le gritó ¡Quien le ha dado confianza para que me diga tía!. ¡Que se ha creído igualado!. El cobrador, cual verdugo ni se inmutó y su rostro impasible era muestra que estaba preparado para este tipo de reclamos.

Se quedó callado y abrió la puerta de la combi. La mujer bajó y se fue renegando y maldiciendo al cobrador. Cuando la combi comenzó a moverse nuevamente y al estar seguro que no podría alcanzarlo, el cobrador le gritó a la mujer: ¡Chau tía!.

La mujer volteó el cuello como si fuera el exorcista y comenzó a gritar y maldecir nuevamente al cobrador que con el carro en marcha, miró por el retrovisor y le hizo una seña burlona a la dama, quien al notarlo comenzó a saltar y jalarse los pelos de rabia.

La escena era muy divertida pero nos deja una reflexión. La gente vive con mucho estrés en las calles y no se percata que cada vez reímos menos. Una reciente investigación en Estados Unidos halló que la gente ríe un 30% menos que hace dos décadas y vive más estresada.

Los que vivimos en grandes ciudades, vemos en los buses, en las calles y en cada lugar, a todos muy apurados. Pocos saludan, la indiferencia es parte del día a día.  Sólo algunos nos regalan una sonrisa. Y eso sin darse cuenta, es un elemento que se convierte en un “círculo vicioso” que nos refuerza ese estado negativo que cargamos todo el día y que “nos contagian” a veces el resto del mundo.

Reír y sonreír, es el elemento básico para alimentar el positivismo. Y el positivismo es uno de los signos de la persona que tiene una mente flexible. Y si tienes una mente flexible, serás capaz de adaptarte mejor y superar a la mayoría de las personas en muchas cosas, porque tendrás la capacidad de ver las situaciones que ellos no verán, justamente por ver el mundo de color gris y sin motivación.

El buen humor es una de las llaves que nos abren, la puerta que nos depara el éxito en todos los campos. Jeffrey Hall de la Universidad de Kansas realizó un estudio que le demandó 30 años. En él, evaluó a 15 mil personas y encontró que las que reían y tenían buen humor fueron mayoritariamente exitosas en sus relaciones amorosas, familiares y negocios.

Otra investigación de la Universidad California, que analizó durante 13 años las conversaciones de 87 parejas que tenían toda una vida armoniosa de matrimonio, concluyó que uno de los elementos fundamentales para que hayan logrado una larga vida en común, era el buen humor que les ayudó a superar las discusiones y los avatares de la vida.

REIRSE DE UNO MISMO

Y una de las primeras cosas que uno debe aprender es a reírse de sus propios defectos y limitaciones y ello nos ayudará a aceptarnos tal cual somos, pero sobre todo, dejará sin armas a aquellos que nos quieran malograr el día.

El otro día, me encontré con un ex compañero de trabajo, un hombre adulto con comentarios de adolescente. Es una persona muy inmadura,  y algunos lo consideran “muy mala leche”. Y ni bien me lo encontré intuí que me iba a hacer bromas para hacerme enfadar. Y no me equivocaba. Al verme gritó: “!Pelao!”, aprovechando que mi melena ya no es la que tenia de joven.

Estaba riéndose y buscaba que otros dos de sus vecinos que estaban a su lado se burlaran. Caminé tranquilo y sonreí. Me dije internamente que si me molestaba provocaría justamente lo que me gustaría evitar, que sigan “vacilándome”. Lo saludé al ex compañero y supuesto amigo, quien me dijo sarcásticamente que mi apodo era “Almanaque pornográfico”. Sus amigos gritaron “¡¿Por qué?!” y él les dijo “! Por qué tiene la calata arriba!”. Obviamente se carcajearon y vi en el rostro de mi ex compañero la sonrisa del que cree haberte vencido. Le dije entonces: “Esa chapa es antigua”.

Y renglón seguido sentencie: “Ahora me dicen Revendedor”, sus amigos sorprendidos me dijeron “!¿Por qué?!” y les dije: “Porque tengo entradas como cancha”.  Se mataron de risa y ahí les agregué dos apodos para su regocijo: “Tengo un amigo que me ha puesto gasolina, porque cada vez estoy más cara” y “otro me dice que estoy en la época de la computación, porque ya se me ve la memoria”. No pararon de reír y los vecinos le dijeron al que me quería “vacilar” lo siguiente. “Pucha él está más actualizado en chistes”. Me despedí con un apretón de mano y pude manejar la situación pero sobre todo, no me cargué ni discutí, que era seguro, lo que pretendía esta persona.

Es mas, sus vecinos son ahora mis hinchas y me piden cada vez que los veo pasar por su casa, un chiste.

La moraleja, el buen humor es una opción y una herramienta para manejar las situaciones en la vida. Su utilidad no es broma.

El gran psicólogo norteamericano Daniel Goleman sostiene que el buen humor ayuda a las personas a “pensar con mayor amplitud y a asociar más libremente. Una habilidad importante no solo para la creatividad sino para reconocer relaciones complejas en la vida”.

En otras palaras, la risa y el buen humor ayuda en el plano laboral y en las relaciones personales. Todos sabemos la utilidad de la sonrisa y el buen ánimo, pero a veces no lo fomentamos pese a saber que nos hará bien. Gran contradicción. El terapeuta colombiano Walter Risso destaca que a veces las personas toman demasiado en serio la vida. Y hace la siguiente reflexión: Puedes ser profundo sin ser sombrío, inteligente sin ser amargado. No existe una sabiduría lúgubre, porque nadie aprende a vivir con el sesgo de la negatividad a cuestas. Las mentes rígidas confunden “saber vivir” y la “vida buena” con saber sufrir. Y eso es otra cosa; se llama autocastigo.

Para los amargados les diría que la ciencia ya ha concluido abrumadoramente que andar molesto y renegando es muy perjudicial no solo para nuestro día a día sino para nuestra salud. Incluso el psicólogo Daniel Goleman descubrió en sus investigaciones que reírse a carcajadas por ver videos de bloopers, ayudó a un grupo de personas examinadas, a resolver mejor rompecabezas utilizadas para el pensamiento creativo.

Y le digo por experiencia propia, que los días que mejores reportajes hacia y era cuando más me reía al producirlos. Una vez recuerdo que grababa con una hermosa chica el concurso “Buscando a la chica del verano de Reporte Semanal”. Era una modelo espectacular. En ese momento se me acercó una morena voluminosa y en tono de broma me dijo que yo discriminaba a las “gorditas” por seleccionar solo a chicas esbeltas. Le dije que no, que también las gorditas tenían sus encantos y mi esposa, no era delgada.

La mujer, siguiéndome la corriente comenzó a modelar coqueta y me preguntó: ¿A ella que BANDA le van a dar? Y le respondí: La BANDA de la chica del Verano.

En tono sensual y gracioso me miró y me dijo: ¿Y a mí que BANDA me pondrías?. Entendiendo su broma le dije: “Pues… sería la BANDA GASTRICA”. La mujer no paró de reír al igual que mi camarógrafo y terminamos abrazados. Ahora somos amigos en Facebook. Increíble. 

“Un día sin reír es un día perdido”, dijo una vez el gran actor de cine mudo Charles Chaplin y no dejaba de tener razón. La risa es la forma más inteligente de conquistar el mundo, el mensaje sublime que anima el corazón y algo que se necesita tanto en el mundo. Y parafraseando a Melcochita ¡No se ría!. Mentira, sí ríase.

Entrevistando a una foca. Cuando ves con buen ánimo el trabajo buscas alternativas ahí donde otros no encuentran solución. El día que grabé con esta foca, ningún funcionario del Parque de las Leyendas podía declarar y “solucioné” el problema dando voz a los animales que me “hablaban” (broma) de su vida en dicho centro.


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