Compartiendo diálogos conmigo mismo

Este es el futuro que nos espera: La mística espiritualización

Lo importante no es vivir es revivirse cada día,

cada día es como un despertar y un volver a ser,

a ser un ser sin miedo a donarse y a quererse,  

pues aquel que se quiere se transforma y fortalece.

¡De los lienzos del amor, resucita la savia del amar!

 

No tengamos miedo a reaparecer en el verso,

somos el aliento de Dios, la voz de su pulso,

la eternidad de su palabra en nuestra existencia,

tras esta vida donada que hemos de merecerla.

¡ No hay mayor gratitud que la gratuidad de darse!

 

Dejémonos de etiquetas mundanas, vaciémonos,

seamos como el aire que todo lo desempolva,

volvámonos cercanos que la voluntad es cercanía,

abrámonos por dentro a quien camina con nosotros.

¡Los brazos de Jesús siempre ahí, abrazándonos!

 

Perseveremos en reencontrarnos siempre unidos,

resistamos, propiciemos unidad para ir juntos,

el camino de la poesía requiere labios armónicos,

que nuestra huella imprima paz en el corazón.

¡Un espíritu en concordia, es un órgano con ilusión!

 

No perdamos, pues, la esperanza de purificarnos,

la hermosa misión de auxiliarnos nos humaniza,

aguardemos y consolémonos con este adagio,

que así es el camino de vuelta, el regreso al Padre.

¡Allá viviremos por siempre, salvaguardaremos la luz!

 

Porque los hijos del verbo se tornan imagen viva,

se transfiguran como figura de Dios en destello,

hasta convertirse en un mar radiante de quietud,

desfigurados resurgen de la nada para ser todo.

¡Alentado el cuerpo, también se alimentará el alma!

Víctor Corcoba Herrero

[email protected]


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