Augusto Lostaunau Moscol

San Marcos nido y plaza de grandes historias

Augusto Lostaunau Moscol *

En el 2008, los jóvenes historiadores Roddy Huarhua y Elver Vergara realizaron una épica entrevista al maestro Waldemar Espinoza Soriano, etnohistoriador ligado a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos desde 1953. Primero como alumno y luego como docente, el doctor Waldemar Espinoza Soriano ha dedicado su vida a la Decana de América.

En la entrevista (publicada en la revista Illapa N° 3), el doctor Waldemar Espinoza indica que:

“Fue en la Universidad Mayor de San Marcos donde pude ponerme al día con las nuevas corrientes historiográficas. Aquí conocí y tuve como compañeros de estudios a jóvenes muy hábiles y como catedráticos a varios historiadores profesionales. Por aquella época sólo existía la Facultad de Letras con algunos Institutos, entre estos los de Arqueología - Etnología, Historia, Literatura, Geografía, Filosofía, Filología, Ciencias de la Comunicación y creo que nada más. Éramos pocos alumnos, todos cabíamos en una estrecha aula; y estudiábamos unidos, no existía la diversificación extrema de currículas. Por lo tanto unos y otros concurríamos a recibir las mismas lecciones. Ahí veíamos a Mario Vargas Llosa, Luis Guillermo Lumbreras, Fernando Fuenzalida, Hugo Neira, Rosa Fung Pineda, Duccio Bonavia, Alberto Cheng, etc. Tampoco olvidamos a quienes escuchábamos con admiración: Raúl Porras Barrenechea, Luis E. Valcárcel, Jorge Basadre, Carlos Newhaus Rizo Patrón, Teodosio Cabada, Jorge C. Muelle, Jean Velar, José Matos Mar, José María Valega, Bruno Roselli, etc…Fue también la temporada que conocí a Tom Zuidema, a Jhon Rowe, Pablo Macera, Carlos Araníbar, José María Arguedas, Emilio Choy, y después a los franceses Wachtel y Duviols, un poco mayores que nosotros. Conversábamos mucho, leímos bastante; nuestra presencia era frecuente en conferencias, simposios y congresos; acudíamos a menudo a la Biblioteca Nacional, a la Biblioteca Universitaria, y quienes seguían la carrera de Historia al Archivo Nacional del Perú, que tal era su membrete entonces. Pero también nos dábamos tiempo para holgar celebrando cumpleaños, paseos, homenajes, etc. Sí, son años inolvidables”.

La lista de intelectuales y docentes sanmarquinos reconocidos; además de historiadores connotados con los cuales el maestro Waldemar Espinoza Soriano mantuvo contacto permanente, ya sea como alumno, compañero o colega, es envidiable. Eran años en los cuales la Universidad aglutinó a una pléyade de destacados profesionales que supieron mantener el bien ganado prestigio de San Marcos. Un prestigio que se formó durante los siglos XVI; XVII; XVIII; XIX y la primera parte del siglo XX.

Además, el doctor Waldemar Espinoza Soriano recuerda que:

“En esta entrevista me siento comprometido a no olvidar a Raúl Porras Barrenechea, notable por su erudición, cautivante exposición y por la manera con que inculcaba el cariño por los libros, los documentos y la investigación de archivo. Y también Luis E. Valcárcel, cuya admiración a los valores nativos del mundo andino le motivó y animó a fundar el Instituto de Arqueología y Etnología para estudiar la prehistoria, la protohistoria y la realidad presente de las etnias peruanas. Fue el introductor -en 1944- de la Etnohistoria en nuestro país. Porras y Valcárcel son los intelectuales peruanos que más han influido en mí. Los dos estaban convencidos, y nos persuadieron, que el conocimiento del pasado y presente del Perú es fundamental para encaminar al país hacia su desarrollo y consolidación de la identidad. Basadre decía que las promesas de los fundadores de la república están pendientes de ser cumplidas. Un compromiso que hay que revivirlo y llevar a cabo”.

En sus recuerdos están muy marcados dos de los historiadores connotados del siglo XX: Raúl Porras Barrenechea y Jorge Basadre. Además, del Padre de la Antropología Peruana: Luis E. Valcárcel. Producto de esa permanente interrelación que mantuvo en la Universidad, es que la obra del maestro Waldemar Espinoza Soriano alcanzó, en forma muy rápida, importancia nacional e internacional. Así, sus libros como: Los Incas o La Destrucción del Imperio de los Incas, son dos joyas clásicas de la historiografía peruana. 

Entre esos envidiables recuerdos, nos ha impactado:

“José María Arguedas es otra figura. Lo conocí cuando estudiábamos en San Marcos y cuando ya era notable como narrador de la vida andina de la sierra ayacuchana y apurimeña. Realmente era poeta, novelista, antropólogo, folclorista. El También viajó a España para investigar los relictos de la comunidad campesina de La Muga en Extremadura con el fin de compararla y contrastarla con sus congéneres de los Andes peruanos. Cuando regresó estuve en su examen de grado doctoral, que fue brillante, como pocas veces se ha visto y oído en San Marcos. Unía la erudición histórica con la antropología y literatura, de modo que sabía aprovechar el folclor para comprender y explicar la identidad andina, chola y negra. Y lo hacía con hondura, aunque –en lo referente a elegancia literaria- con menos perfección si lo confrontamos con Porras Barrenechea por ejemplo”.

La tesis de José María Arguedas para optar el grado de Doctor, fue Las Comunidades de España y el Perú, un texto clásico que permitió entender las profundas transformaciones culturales que sufrieron las comunidades andinas con la invasión española-occidental.

Otro grato recuerdo es:

“En cuanto a Jorge Basadre, cabe decir que tuve amistad y cuando lo encontraba lo saludaba con verdadero respeto. La última vez que nos vimos fue en el cuarto piso del edificio Kennedy, donde funcionaba el rectorado de la Universidad de Marcos. Los peruanos creemos -erróneamente- que Basadre solo conocía a fondo la historia de la era republicana, pero no es así. Dominaba con la misma intensidad lo concerniente a la prehistoria andina, la conquista, virreinato, independencia y, desde luego, la etapa reciente o contemporánea. Cabalmente, hace poco escribí un artículo sobre sus aportes a la historia preinca e inca. Me llamaba la atención de que, pese a sus avanzados años de edad, siempre estaba al día con las nuevas corrientes y la bibliografía histórica peruana salida aquí o en otros países y continentes. Me hablaba sobre los artículos, folletos y libros que yo publicaba. Para mí era un bombazo saludable que un autor de su talla también leyera mis producciones. Eso me infundía ánimo para proseguir adelante”.

Un recuerdo que muestra en su real dimensión la calidad humana del gran historiador Jorge Basadre Grohmann. Un historiador connotado que siempre mostró aprecio y respeto por la producción e investigación de los historiadores más jóvenes. Con ese respeto y cariño, alentó a la continuidad de la novel obra de quien luego se convertirá en un extraordinario etnohistoriador como lo es el maestro Waldemar Espinoza Soriano.

Esa amabilidad y respeto fue lo que elevó a San Marcos a la categoría de Universidad del Mundo. Es hora que los más jóvenes la pongan en práctica, en medio de una tormenta de neoliberalismo y posmodernidad que sólo busca alentar el egoísmo y la egolatría.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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