Augusto Lostaunau Moscol *

144 años de José María Eguren

Augusto Lostaunau Moscol *

José María Eguren Rodríguez nació en Lima el 7 de julio de 1874. Fue un niño “muy débil de salud” por lo cual pasó gran parte de su infancia y adolescencia en las haciendas de Pro y Chuquitanta, al norte de la capital. Gozar del aire puro, de la naturaleza y de las labores propias del campo, lo acercó a la vida serena y al arte. No sólo fue un extraordinario poeta; también fue pintor y fotógrafo, realizando extraordinaria obra que lo ha perennizado para la eternidad. Es, quizás, el otro gran escritor peruano del siglo XX. Decimos el otro, porque en la acera contraria encontramos al genial César Abraham Vallejo Mendoza. Ambos genios gozaron de la amistad y el aprecio de José Carlos Mariátegui. El amauta –en sus 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana- advirtió sobre Eguren que:

“José María Eguren representa en nuestra historia literaria la poesía pura. Este concepto no tiene ninguna afinidad con la tesis del Abate Brémond. Quiero simplemente expresar que la poesía de Eguren se distingue de la mayor parte de la poesía peruana en que no pretende ser historia, ni filosofía ni apologética sino exclusiva y solamente poesía”.

Para nuestro Amauta, Eguren es un poeta que se encuentra comprometido con la poesía. Su obra poética sólo busca ser poesía. No se inmuta por otro aspecto de la realidad que no sea poesía. La política, las luchas sociales, la prédica revolucionaria, etc. no encuentran espacio en los versos de Eguren. Mariátegui señala que:

“Eguren se comporta siempre como un poeta puro. No escribe un solo verso de ocasión, un solo canto sobre medida. No se preocupa del gusto del público ni de la crítica. No canta a España, ni a Alfonso XIII, ni a Santa Rosa de Lima. No recita siquiera sus versos en veladas ni fiestas. Es un poeta que en sus versos dice a los hombres únicamente su mensaje divino”.

Es que el aire puro que respiró en Pro y Chuquitanta; la naturaleza que recorrió en Pro y Chuquitanta y las labores propias del campo que observó en Pro y Chuquitanta, formaron en Eguren al poeta amante del arte y del purismo. Su canto nace de la necesidad de expresar la belleza natural. Su poesía le permite respirar el aire puro del campo.

Se educó en el Colegio La Inmaculada y en el Instituto Científico de Lima, donde no terminó sus estudios. Es un autodidacta de la literatura. Aprendió a escribir leyendo a los clásicos y a los grandes autores de su época. Vivir en Barranco, lejos de la capital, un balneario rodeado de una hermosa campiña, le permitió mantener esa relación infantil y de adolescente con el aire puro y la naturaleza. No se contaminó de la política de su época.

La Danza Clara

Es noche de azul oscuro...
en la quinta iluminada
se ve multicolora
la danza clara.

Las parejas amantes,
juveniles,
con música de los sueños,
ríen.

Hay besos, armonías,
lentas escalas;
y vuelan los danzarines
como fantasmas.

La núbil de la belleza
brilla
como la rosa blanca
de la India;
ríe danzando
con el niño la Muerte
cano.

Sobre éste aspecto, José Carlos Mariátegui señala que:

“Encuentro excesivo o, más bien, impreciso, calificar a Eguren de poeta de la infancia. Pero me parece evidente su calidad esencial de poeta de espíritu y sensibilidad infantiles. Toda su poesía es una versión encantada y alucinada de la vida. Su simbolismo viene, ante todo, de sus impresiones de niño. No depende de influencias ni de sugestiones literarias. Tiene sus raíces en la propia alma del poeta. La poesía de Eguren es la prolongación de su infancia. Eguren conserva íntegramente en sus versos la ingenuidad y la rêverie del niño. Por eso su poesía es una visión tan virginal de las cosas. En sus ojos deslumbrados de infante, está la explicación total del milagro”.

Es que en la obra poética de Eguren, se encuentra la dulzura y la frescura de la mirada infantil. La mirada del niño que extasiado descubre el mundo que le rodea y lo pretende coger en la palabra.

Lied I

Era el alba,
cuando las gotas de sangre en el olmo
exhalaban tristísima luz.

Los amores
de la chinesca tarde fenecieron
nublados en la música azul.

Vagas rosas
ocultan en ensueño blanquecino,
señales de muriente dolor.

Y tus ojos
el fantasma de la noche olvidaron,
abiertos a la joven canción.

Es el alba;
hay una sangre bermeja en el olmo
y un rencor doliente en el jardín.

Gime el bosque,
y en la bruma hay rostros desconocidos
que contemplan el árbol morir.

Mariátegui sentenció que:

“Eguren, en el Perú, no comprende ni conoce al pueblo. Ignora al indio, lejano de su historia y extraño a su enigma. Es demasiado occidental y extranjero espiritualmente para asimilar el orientalismo indígena. Pero, igualmente, Eguren no comprende ni conoce tampoco la civilización capitalista, burguesa, occidental. De esta civilización, le interesa y le encanta únicamente, la colosal juguetería. Eguren se puede suponer moderno porque admira el avión, el submarino, el automóvil. Más en el avión, en el automóvil, etc., admira no la máquina sino el juguete. El juguete fantástico que el hombre ha construido para atravesar los mares y los continentes. Eguren ve al hombre jugar con la máquina; no ve, como Rabindranath Tagore, a la máquina esclavizar al hombre”.

Es la poesía de Eguren un universo por recorrer. Es la obra de Eguren un producto del purismo que se hace necesario conocer. Es Eguren un escritor de culto que trasciende las fronteras de Barranco a Lima; de Lima al Perú y, del Perú al mundo. Es universal.

Nocturno

De Occidente la luz matizada
Se borra, se borra;
En el fondo del valle se inclina
La pálido sombra.

Los insectos que pasan la bruma
se mecen y flotan,
y en su largo mareo golpean
las húmedas hojas.

Por el tronco ya sube, ya sube
La nítida tropa
De las larvas que, en ramas desnudas,
Se acuestan medrosas.

En las ramas de fusca alameda
Que ciñen las rocas,
Bengalíes se mecen dormidos,
Soñando sus trovas.

Ya descansan los rubios silvanos
Que en punas y costas,
Con sus besos las blancas mejillas
Abrazan y doran.

En el lecho mullido la inquieta
Fanciulla reposa,
y muy grave su dulce, risueño
semblante se torna.

Que así viene la noche trayendo
Sus causas ignotas;
Así envuelve con mística niebla
Las ánimas todas.

Y las cosas, los hombres domina
La parda señora,
De brumosos cabellos flotantes
Y negra corona.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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