Augusto Lostaunau Moscol

10 años sin Alejandro Romualdo

Augusto Lostaunau Moscol *

El 27 de mayo del 2008, una trágica noticia vistió de luto a la literatura peruana. Miembros de la Policía Nacional del Perú encontraban sin vida al poeta Alejandro Romualdo Valle Palomino. Estaba solo en su hogar ubicado en el distrito capitalino de San Isidro cuando –días antes- un paro cardiaco lo sorprendió.

Nacido en Laredo-Trujillo el 19 de diciembre de 1926, se trasladó a Lima para estudiar Literatura en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A los 23 años (1949) publicó su primer poemario bajo el título de La Torre de los Alucinados, con el cual ganó el Premio Nacional de Poesía.

Sus destacadas notas y sus publicaciones en medios de comunicación de la capital, significaron que sea reconocido como un periodista acucioso y un riguroso crítico literario. Sus escritos le abren la posibilidad de viajar a España y estudiar en la Universidad de Madrid entre 1952 y 1953. Su regreso estuvo marcado por un giro hacia la poesía social y la militancia política de izquierda. Fue un reconocido marxista, lo que le significó ser perseguido por el régimen de Manuel Odría.  En San Marcos ya era un reconocido intelectual, pese a su corta edad.

En 1958 publicó su famoso e inigualado Canto Coral a Túpac Amaru, que es la libertad, extraordinaria creación que marcó totalmente su vida. Desde ese momento, Alejandro Romualdo se convirtió en un referente de la poesía peruana de la Generación del 50.

Viajó por México y Cuba, donde fue reconocido por la calidad de su pluma creadora. De regreso al Perú, fue docente en la Escuela de Periodismo de la Universidad Particular San Martín de Porres, formando generaciones de periodistas de gran valía.

CANTO CORAL A TÚPAC AMARU, QUE ES LA LIBERTAD

"Yo ya no tengo paciencia para aguantar todo esto"

Micaela Bastidas

Lo harán volar
con dinamita. En masa,
lo cargarán, lo arrastrarán. A golpes
le llenarán de pólvora la boca
Lo volarán:
¡y no podrán matarlo!


Lo pondrán de cabeza. Arrancarán
sus deseos, sus dientes y sus gritos,
Lo patearán a toda furia. Luego
lo sangrarán
¡y no podrán matarlo!

Coronarán con sangre su cabeza;
sus pómulos, con golpes. Y con clavos
sus costillas. Le harán morder el polvo
Lo golpearán:
¡y no podrán matarlo!

Le sacarán los sueños y los ojos
Querrán descuartizarlo grito a grito.
Lo escupirán. Y a golpes de matanza
lo clavarán:
¡y no podrán matarlo!

Lo podrán en el centro de la plaza,
boca arriba, mirando al infinito.
Le amarrarán los miembros. A la mala
tirarán:
¡y no podrán matarlo!

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Querrán descuartizarlo, triturarlo,
mancharlo, pisotearlo, desalmarlo.

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Al tercer día de los sufrimientos,
cuando se crea todo consumado,
gritando ¡libertad! sobre la tierra,
ha de volver.

Y no podrán matarlo.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú


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